Volví a mi habitación resignada a perderme los entrenamientos de ese día. Sin embargo, decidida a no quedarme sin hacer nada, al menos trataría de hacer un poco de cardio o algún ejercicio que no afectara mi brazo. Me movía con cuidado, intentando evitar el dolor mientras daba vueltas por la habitación Después de varios minutos de ejercicio, un golpe firme en la puerta interrumpió mi concentración. Mi corazón dio un vuelco, y una sensación de frío recorrió mi espalda. Abrí la puerta con precaución, y me encontré con Archivald, seguido de dos alumnos más. La seriedad en su expresión, junto con la presencia de esos acompañantes, hizo que mis manos comenzaran a sudar. Todo en esa escena me parecía una amenaza directa — Cadete Grant, acompáñame — pidió Archivald con una voz que no dejaba lug

