Amigos

1241 Palabras
-Quiero una respuesta en este preciso momento. -Elda- habló Donato. Antes de poder decir algo más, ella me dio una bofetada. Aturdida por su acción, lleve mi mano a mi mejilla. -Aun no entiendo que es lo que está mal contigo. Evidentemente es muy difícil para ti no comportarte como una golfa. -Elda, no es lo que parece- susurre. -¿Acaso no estas medio desnuda insinuándote ante Donato? Creo entender muy bien la situación. Sabias perfectamente que tú hermana estaba saliendo con él, y aun así decidiste entrometerte. No puedo creer lo egoísta que eres. Los gritos e insultos de Elda despertaron a mi padre y a Lina. Ambos bajaron a la cocina para ver qué es lo que estaba sucediendo. -¿Qué ocurre aquí?- dijo mi padre. -Ocurre que la resbalosa de tu hija estaba besando a Donato. Te dije desde hace mucho que debías mandarla a Londres nuevamente. Es una vergüenza. -Elda, no creo que las cosas sean así- papá trato de calmar a su esposa mientras que buscaba respuestas en mis ojos. -No lo son papá- estaba muy apenada por la situación. -Realmente no lo son- intervino esta vez Donato- Esto tiene una explicación Flavio. -La escucho- la seriedad de mi padre realmente me sorprendió. -Donato, no tienes que hacer esto- intervino Lina- Fiorella siempre se ha comportado de esta manera. Espero que lo que haya hecho no arruine nuestra relación- dijo mientras posaba una mano en su brazo. -Fiorella no ha hecho nada. -¡Te ha besado!- exclamo Elda- Eso está mal. No tienes que ponerte a su nivel, ni mucho menos tratar de defenderla. -No creo que este mal que bese a mi novia- dijo sin más. Mis ojos se abrieron como platos en ese momento, y no fueron los únicos. Elda y Lina me miraban de arriba abajo sin siquiera tratar de disimular su enfado. -¿Cómo que novia?- preguntó papá. -Llevamos saliendo un tiempo. No me mal entiendan, pero fue mi idea no hablarlo con ustedes. No quería que se mezclara lo laboral con nuestro romance, pero me he dado cuenta que es algo imposible- dijo mientras tiraba de mi brazo para envolverme en un abrazo. -Fiorella, ve a vestirte, y tú- dijo mi padre señalando a Donato- ve a mi despacho. -¡Eres increíble!- grito Lena- El único hombre que me gusta, y vas y te metes en sus pantalones. Eres una golfa- exclamo con odio. -Tranquila princesa, no te pongas así- Elda trataba de consolar a Lina, quien había comenzado a llorar. -No es justo mamá. ¿Por qué tenía que fijarse justo en él? -Es suficiente con este drama- intervino papá- Fiorella, Donato, hagan lo que les dije. -¿Drama? Tu hija se metió con el hombre con el que Lina estaba saliendo, ¿Y te atreves a insinuar que mi hija es dramática? Un suspiro pesado salió de los labios de mi padre antes de hablar nuevamente. -Donato ¿Estabas saliendo con Lina?- pregunto directamente. Aún seguía entre los brazos de Donato. Asique pude sentir perfectamente cómo se tensaron a mi alrededor. -Creo que ha habido un mal entendido. He salido en barias ocasiones con Lina, pero jamás como algo más que amigos. Desde nuestra primera cena juntos fui claro con ella ¿No es así Lina? La tranquilidad con la que salían sus palabras, no coincidía con la tensión de su cuerpo, ni con los desenfrenados latidos de su corazón. Lina no respondió, por lo que papa volvió a preguntar. -¿Es así Lina? -Lo es. Pero Fiorella sabía perfectamente que yo sentía cosas por él, y aun así se le metió por los ojos- cada palabra que decía destilaba odio. -Lina. La primera noche que tú y yo salimos a cenar como amigos- Donato se encargó de sutilmente remarcar la palabra amigos- Fiorella y yo ya estábamos saliendo. Sin decir ni una palabra más, Lina salió de la cocina llorando. Elda la siguió, no sin antes repartir un poco más de su veneno. -Espero que estés feliz- se dirigió a mí- Siempre lo has arruinado todo. Quizás por eso tu madre decidió marcharse. Mis ojos se llenaron de lágrimas en ese preciso momento. Papá no fue capaz de decir nada, y Donato solo me abrazo más fuerte al sentir mis sollozos involuntarios. -Creo que la charla que tenemos pendiente la dejaremos para mañana. Por favor vayan a descansar. Paso por mi lado y beso mi cabeza- No creas que lo que dijo es verdad. Tú no eres responsable de las decisiones de los demás. Mucho menos de las de tu madre. Trata de descansar, mañana hablaremos con más calma, y me dirás porque no tuviste la confianza de decirme que te habías enamorado- estaba por llegar a la puerta de la cocina, cuando se giró y volvió a hablar- Cada uno vaya a descansar, a su habitación- aclaro mientras quitaba de mis mejillas las lagrimas que había derramado. Nos quedamos unos minutos más en silencio y abrazados junto a Donato en la cocina. Tiernamente me separo de él y me hizo verlo. -Es hora de descansar muñeca. Sonreí al mismo tiempo que mis mejillas tomaban un color rosado. Asentí y subimos las escaleras lentamente. -Gracias por todo- dije cuando llegamos a la puerta de mi habitación. -No hay de que- acaricio mi mejilla- ¿Me darías un beso de buenas noches?- pregunto con picardía. -Solo si me respondes algo- Debía dejar mi timidez de lado. -¿Qué quieres saber?- paso sus manos por mi cintura-¿Te incomoda que haga esto? Negué antes de volver a hablar- ¿Por qué dijiste que llevábamos tiempo saliendo? -Te lo responderé en nuestra primera cita- dijo sin más. Solo pude sonreír. No lograba entender como alguien como él podía haberse fijado en mí. No es que me considere fea, ni mucho menos. Pero estaba segura que hombres así solo buscaban mujeres con experiencia. -De acuerdo- bese su mejilla y me gire para entrar a mi habitación. -Oye oye oye, ¿y mi beso? -Ya te lo di- intente entrar a mi habitación nuevamente, cuando me tomo del brazo haciéndome girar. -Ese no fue el beso que yo quería. Antes de poder responder, me tomo de la nuca y estampo sus labios contra los míos. Era un beso cargado de necesidad por parte suya y mía. Sutilmente mordió mi labio inferior, haciendo así que un jadeo escapara de mí. Sus manos se dirigieron a mi cintura al mismo tiempo que su legua se introducía en mi boca. Jamás me había sentido así, era una sensación a la que sin duda me podría acostumbrar. Por un momento, la cordura volvió a mí. -Donato debemos parar- dije en medio de nuestro magnifico beso. Él por su parte me ignoro- Enserio- tuve que poner mis manos en su fuerte pecho- ¿Dónde me llevaras a nuestra cita? -No intentes distraerme- dijo al fin separando sus bellos labios de los míos. -No intento hacerlo, solo quiero saber- dije poniendo mi mejor cara. Me volvió a besar, esta vez con menos intensidad- Mañana lo sabrás muñeca, pasare por ti a las ocho. Ponte bella, más de lo que ya eres. -¿No te veré hasta esa hora? -No, hablare temprano con tu padre y luego vendré en la noche por ti. Debo hacer unas cosas temprano. -De acuerdo. Cuídate. Sin más me adentre en mi habitación para dormir.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR