Trampa

1432 Palabras

Una vez que mi hija se tranquilizó por completo, me encamine con ella en mis brazos a la habitación en la que me había despertado. Lo que menos necesitaba era que el lunático de Donato se enfadara y me separara de Abi. Al llegar, me recosté en la respaldo de lo que se suponía era la cama. No podía dejar de contemplar a mi bebé, este tiempo sin ella había sido un martirio, pero pronto todo acabaría, o eso esperaba. Pasaron solo unos pocos minutos de tranquilidad antes de que la puerta de la habitación se abriera de forma brusca. -¿Quién te dio permiso para salir de aquí?- pregunto un muy molesto Donato. Era la primera vez que volvía a tenerlo en frente, y no se veía nada bien. No había rastro del hombre que conocí, ya sea desde su aspecto físico, a lo que se podía ver en sus ojos. su cab

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