Estaba entrando al quinto mes de embarazo, el tiempo realmente pasaba de prisa. Mi bebe aún no me dejaba ver su sexo, pero me alegraba demasiado saber que ambos estaban bien. Hacía poco tiempo que habían comenzado a moverse, en ocasiones, principalmente en las noches, parecía que tenían una batalla campal en mi interior. Podía sentir cada uno de sus movimientos, e incluso algunas veces se podía ver como mi vientre se deformaba. Mi vientre era otra cosa, en tan solo un mes creció demasiado, tanto que tuve que comprarme ropa más grande, ya nada me quedaba. Mis días se resumían en ir al trabajo, luego caminar un poco por órdenes de Klaus y por ultimo instalarme en casa a ver películas, tirada en el sofá con un gran bowl de palomitas de maíz sobre mi vientre. Inga no me dejaba hacer demasiado

