No fui capaz de reaccionar ante lo que había dicho Anton. El rostro de Donato se había desfigurado, y pasó de tener una sonrisa de superioridad, a un rostro que solo demostraba temor y desesperación. -¿A qué te sorprendí?- pregunto Anton con tono de burla- Veras- señalo al hombre más grande del cuarto- él es Vasile, vino especialmente desde Rumania para este trabajo. Donato no decía nada, solo veía con terror como aquellos hombres lo miraban. -Los dejaremos solos- hablo nuevamente mi esposo- debo llevar a mi mujer a descansar. Al notar mi estado de aturdimiento, Anton puso su mano en mi cintura, y comenzó a guiarme fuera de aquel asqueroso lugar. Cuando estábamos saliendo, pude ver claramente, como aquellos hombres comenzaban a desprender sus cinturones, -No me siento bien- d

