—Pasa Draco —interrumpió su madre antes de que ella siquiera pudiese hablar—, es hora. Los ojos azules de él la dejaron de ver para luego posarse en Addison y asentir, aún así Evangeline no se apartó de la puerta por lo que Draco arqueó una ceja y sonrió con sorna en su dirección. —No entiendo que tenemos que hablar, solo dame los manuscritos, me encargaré de ellos, es mi responsabilidad. La determinación se apoderó de ella, si bien era cierto que lo amaba no podía evitar estar herida. No podía perdonarle y no iba a hacerlo. ¿Y qué vas a perdonarle Evangeline? —Se respondió ella misma—, él no quiere tu perdón. Todo lo que hizo Draco fue planeado, acercársele, seducirla y enamorarla para cumplir su objetivo. De solo pensarlo ardía en furia. Los ojos azules de Draco estaban fijos en

