El sonido de un disparo los alertó a todos. Las carreras no se hicieron esperar. Ángelo temió por su hija, seguramente iban por ella. Gabriel salió de la habitación pese a las advertencias de sus guardaespaldas. Les gritó que quería ir a ver a Ángela, ver por sus propios ojos que ella se encontraba bien. ―¡Ángela! ―gritó en el oscuro pasillo. Un disparo y un quejido. Otro disparo. Y otro. Y otro. Luego, silencio. De ahí en más, pasado el minuto de silencio, todo fue caos. Todos gritaban, carreras iban y venían, hasta que todo quedó en calma. David, Ángelo y José salieron de sus habitaciones por instrucciones de los escoltas. ―¿Y Ángela? ―le preguntó el padre de familia a Alec. ―Desapareció. ―¿Qué? ¿Y Gabriel? ―Salió de su habitación en contra de nuestras órdenes y está herid

