Brandon los llevó a la casa de su padre. Cuando entraron en la propiedad, el niño miró con curiosidad el jardín cubierto de infinidad de flores. Diana se sorprendió al entrar en aquella propiedad, que no visitaba desde hacía muchos años. Una sonrisa escapó de sus labios al recordar los bellos momentos que había vivido allí. Al bajar del auto, David se aferró enseguida a la mano del hombre. —Este jardín lo inició tu bisabuelo Henry —le contó—. Luego mi padre lo continuó. Creo que es el lugar más floreado de toda la bahía. El niño sonrió maravillado y lo siguió a la casa. La atravesaron completa hasta llegar a la terraza, donde accedieron al patio trasero que colindaba con el mar. David se enamoró de ese lugar a primera vista. La playa estaba mucho más cerca que en su casa, parecía ser

