Estar cerca de Mónic era más que suficiente para sentirse plenamente feliz, la velada estaba siendo totalmente placentera gracias a la presencia de la chica; pero como no todo puede ser perfecto tarde o temprano todo llega a su final porque hasta en los cuentos de hadas la magia se acaba.
Cómo cuál Cenicienta, apenas el reloj marco las 12, Mónic se puso de pie dispuesta a marcharse; de inmediato Dominick imitó su acción, poniendose de pie como haría un caballero ante una dama.
—¿te marchas ya?— interrogó, observando como Mónic miraba discretamente a su alrededor, como si buscará algo o a alguien y por lo visto le estaba costando trabajo encontrar a ese alguien— permíteme llevarte a casa, Mónic.
Esas simples palabras de Dominick fueron suficientes para captar la atención de Mónic, quien sonrió falsamente— descuida, no hace falta, mi abuela y yo nos marcharemos juntas, con el chófer— respondió amable, no deseaba compartir el auto con Dominick, soportar su compañía durante la velada le había costado mucho trabajo, tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no terminar callendo rendida ante esa sonrisa ladina, que tanto le encantaba, aún más ante esa mirada profunda que Dominick le dedicaba y la hacía sentir vulnerable; justo como la miraba en ese momento.
Mónic se sentía nerviosa, Dominick podría desarmarla con solo mirarla, ella estaba consiente de eso, así que compartir el auto con él no era una buena idea, debía poner distancia entre ellos lo antes posible o terminaría cediendo ante sus encantos. Un carraspeó suave llamo la atención de ambos, giraron de inmediato a ver quién se había esforzado en llamar su atención, Luis Alberto los observo nervioso debatiéndose entre hablar o no.
— Mónic...— su voz se entre cortó, la forma en que la muchacha lo miraba lo hacía sentir sumamente nervioso, sabía que lo que estaba a punto de confesar no le gustaría para nada a la muchacha— la señora Malvorich se marchó hace un rato, alego que no se sentía muy bien y estaba cansada...
La expresión en el rostro de Mónic cambio totalmente, su semblante se torno pálido, ¿cómo era posible que su abuela le hiciera tal cosa?, ¡la traición!, primero la había hecho asistir a ese evento sabiendo que Dominick estaría presente y ahora la dejaba a merced de ese hombre aún sabiendo que aún no lo había superado, sabiendo que las piernas le temblaban de solo pensar en él y que su corazón latía apresurado con solo tenerlo cerca.
—Tomare un taxi entonces— se apresuró a responder, dando media vuelta para dirigirse a la salida pero su intento de huida fue en vano; quedó congelada en su lugar cuando sintió una fuerte mano posarse sobre su espalda baja mientas el aliento cálido de Dominick chocaba contra si piel mientras le hablaba muy cerca de la oreja.
— Insisto, permíteme llevarte a casa, debo cuidar de ti— Dominick hablaba de forma tan pausada, tan calmada que la hacía temblar, no sabía porque pero sentía que las palabras del hombre estaban cargadas de promesa, creía entender algo entre líneas, Mónic fue incapaz de pronunciar palabra alguna sintiendo como se quedaba sin aliento ante la proximidad del hombre, solo asintió con un leve movimiento de cabeza, de pronto sentía su boca seca y su corazón latiendo tan fuerte contra su pecho que resultaba ensordecedor.
— Encárgate de todo Luis Alberto— esas palabras fueron suficientes para que el abogado entendiera que no debía molestar al señor Carbajal a menos que fuera estrictamente necesario.
Dominick sonrió para si mismo, apenas escucho decir a Luis Alberto que la abuela de Mónic se había marcado supo que esa era su oportunidad de tener un momento a solas con la muchacha, sin interrupciones, sin hombres enmascarados que estuvieran a cada segundo intentando robarle a su princesa.
Era perfecto, todo se estaba dando de manera ejemplar, de verdad que le debía un favor muy grande a la abuela Malvorich, sino fuera por ella Mónic ni siquiera hubiera asistido a ese evento y mucho menos hubiera tenido la oportunidad de hablarle o de simplemente encontrarla, mirarla a la distancia.
—Sube— pidió Dominick abriendo la puerta del auto para la muchacha, Mónic pareció reaccionar de pronto, se había perdido en sus pensamientos mientras Dominick la dirigía con gran maestría hacía la salida.
Dudo, observando la puerta del auto que Dominick mantenía abierta para ella, se mordió el labio inferior contemplado sus opciones, las cuales no eran muchas; subir a ese auto junto a Dominick era como entrar a la boca del lobo aún sabiendo que iba a ser comida.
—Vamls, Mónic... ya es tarde y debes decansar— hablo el hombre notando la inseguridad de la muchacha, había usado un todo un tanto autoritario para hacerla reaccionar y al parecer había funcionado porque la muchacha no tardó demasiado en ocupar el lugar del copiloto dentro del auto.
Dominick la ayudo a subirse, ofreciendo su mano como el caballero que era, deseaba aprovechar al máximo cualquier contacto que pudiera tener con ella; sabía que en cualquier momento comenzaría a evitarlo o al menos a tratar de hacerlo. El hombre cerro la puerta y se apresuró en ocupar su lugar frente al volante, poniendo el marcha el auto de inmediato.
— Pensé que tú chófer estaría esperándote además de Roberts, tu guardaespaldas— señaló Mónic interrumpiendo en silencio que se había apoderado el auto apenas salieron del estacionamiento del lugar.
— Sabes que prefiero manejar— respondio sujeto el volante con una sola mano mientras con la otra se deshacía de la corbata que llevaba y desabrochaba los primeros botones de su camisa, los cuales le parecían molestos.
Mónic lo observo embobada, ante sus ojos Dominick era tan perfecto, apuesto e irresistible que se le hacía imposible no contemplarlo perdida en sus pensamientos, de pronto sus ojos se encontraron con los de Dominick, él sonrió de lado al notar como la chica lo observaba mientras Mónic desvió la mirada apenada, sus mejillas tomaron un leve sonrojo de forma involuntaria.
— ¿A dónde te llevo?, Mónic— Dominick no podía borrar esa sonrisa de felicidad que se había formado en sus labios y mucho menos al ver como Mónic le evitaba la mirada, ella solo miraba la ventana como si el opaco cristal fuera lo más entretenido del universo.
— Me estaré quedando en el apartamento de Miguel, mientras mi departamento está listo— respondió evitando dirigir su mirada hacia Dominick, si simple presencia la perturbaba.
— Mm entiendo... ¿así que tienes departamento nuevo?— indago mientras tomaba camino hacia el departamento del joven Stratus, conocía la dirección de memoria no en vano había sido amigo de la familia desde hace mucho tiempo.
—Si, Edgar— hizo una leve pausa mientras se reprendia mentalmente— mi padre y la abuela se estan encargando de ello, no quiero permanecer en la mansión de mi padre, él y Clarisa están en una luna de miel permanente.
Hizo una pequeña mueca con su boca, lo deseaba estar cerca de sus padres por los momentos, Edgar y Clarisa apenas se habían reencontrado y la chispa del amor parecía estar resurgiendo, aunque un no estaban juntos del todo, estaban viviendo esa "etapa de enamoramiento adolescente" que no habían podido vivir en el pasado.
—¿Ya están juntos de nuevo?— se atrevió a preguntar el joven Carbajal, Clarisa había sido alguien muy importante para él y aunque en el pasado le había roto el corazón en miles de pesados, había aprendido a perdonarla además que le debía mucho, puesto que era la madre de la mujer que le había hecho conocer lo que era el verdadero amor.
—Algo así... aún no me acostumbro a verlos juntos— Acotó Mónic frunciendo ligeramente el ceño, aún no podía creer que su padre estuviera presente en su vida y que si madre hubiera cambiado de esa manera, había pasado de ser una bruja total a ser una madre amorosa que deseaba ganarse el amor de su hija— Edgar y Clarisa me dieron la vida, pero aún no me acostumbro a tenerlos siempre cerca, ellos lo entienden y respetan mis decisiones.
—Todo es un proceso de adaptación, Mónic... poco a poco aprenderás a demostrarles el amor que les tienes y a disfrutar plenamente de la felicidad que llegó a tu vida— Dominick aparco el auto en la entrada del edificio, habían llegado en un abrir y cerrar de ojos— llegamos— aseguro observando la entrada del edificio.
—Asi es— Mónic también observo la entrada del lugar, había sobrevivido al viaje junto a Dominick, al fin habían llegado a su destino pero, muy por el contrario a lo que había creído; no estaba feliz porque el momento terminará.
—Permiteme— Dominick bajo rápidamente del auto, lo rodeó para finalmente abrir la puerta del lado de Mónic y ayúdale a bajar, Dominick la escoltó hasta la puerta del edificio.
—Buenas noches, Mónic— la miro directamente a los ojos, observandola a detalle, deseaba que ese momento quedará grabado perfectamente en su memoria.
—Bienas noches, Dominick— respondió ella, sin desviar su mirada, la cual se había anclado a la de Dominick, quien se inclino para depositar un suave beso sobre la mejilla de Mónic, muy cerca de la comisura de sus labios.
Fue un roce muy sutil pero basto para que ella sintiera mariposas en el estómago, coloco la mano sobre el lugar del beso apenas el se alejó— adiós — se adentro rápidamente al gran edificio, sintiéndose nerviosa, no podía seguir ni un segundo más cerca de él o no se haría responsable de sus actos.
Dominick sonrió al ver cómo ella huía nerviosa, se dirigió a su autopara finalmente poner rumbo hacía su hogar, la magia de la noche se ha la acabado, pero quizás esté no era el final de su cuento de hadas; tal vez volvería a compartir momentos con Mónic y este solo era el campanazo de media noche del cuento de la Cenicienta, solo una pausa en su historia de amor.
Se sentía feliz, porque a diferencia del principe encantador del cuento, él si sabía quién era su princesa y dónde encontrarla...