Capítulo 4

935 Palabras
La cuarta tarde, la atmósfera en el despacho estaba cargada de electricidad s****l. Valeria entró con una minifalda vaquera que apenas cubría la mitad de sus muslos gruesos y redondos, y un top crop que dejaba al descubierto su abdomen plano y el piercing en el ombligo. Sus tetas grandes se movían libres bajo la tela fina, con los pezones ya visibles por la excitación. Se sentó a horcajadas sobre Carlos sin pedir permiso, frotando su coñito caliente contra el bulto enorme de su polla a través de la ropa. —Papi… hoy quiero probar posiciones. Como en los videos. Pero sin que me penetres todavía… solo sentirte —pidió con voz tímida pero cargada de deseo, mordiéndose el labio inferior. Carlos gruñó por lo bajo, agarrando con fuerza sus caderas anchas. Su polla palpitaba dolorosamente. —Está bien, princesa. Vamos a practicar. Pero solo frotarnos. Tu virginidad es mía cuando estés completamente lista. Pusieron un video de posiciones suaves: dry humping, grinding y simulaciones. Carlos levantó la minifalda de Valeria y le apartó las braguitas a un lado. Su coñito virgen estaba completamente depilado, rosado, hinchado y chorreando jugos transparentes que brillaban bajo la luz del despacho. —Qué coño más hermoso tienes, Valeria. Tan mojado para tu papi… La sentó de nuevo a horcajadas y la guió para que se frotara contra su polla desnuda, que ya había sacado del pantalón. La cabeza gruesa rozaba sus labios mayores, deslizándose entre ellos sin entrar. Valeria gemía alto, moviendo las caderas en círculos, frotando su clítoris hinchado contra toda la longitud venosa de él. —Papi… se siente tan caliente y gruesa… quiero más… Carlos la agarró del culo jugoso con ambas manos, abriéndole las nalgas y guiando el movimiento. El roce era obsceno: su polla quedaba completamente lubricada con los jugos de ella, deslizándose entre sus labios y presionando el clítoris con cada pasada. Luego la acostó en el sofá del despacho en posición misionero. Se colocó encima, entre sus piernas abiertas, y frotó su v***a contra su coñito. Empujaba como si la estuviera follando, pero sin penetrar: la cabeza gruesa separaba sus labios y golpeaba su clítoris con cada embestida simulado. Las tetas de Valeria rebotaban violentamente. Él bajaba la cabeza y le chupaba los pezones con fuerza, mordisqueándolos mientras seguía el movimiento. —Así te voy a follar un día, princesa. Profundo y duro… —susurraba en su oído. Valeria se corrió por primera vez en esa posición, arañándole la espalda y gritando “¡Papi!”, su coño expulsando jugos que bañaron toda la polla de Carlos. Sin darle descanso, él la puso a cuatro patas sobre el escritorio, imitando la postura de perrito. Le levantó la minifalda y le dio varias nalgadas fuertes, dejando sus cachetes rojos. Luego presionó su polla entre sus nalgas, frotándola contra su coño desde atrás. Empujaba simulando penetración, golpeando su clítoris con las bolas pesadas. Valeria empujaba hacia atrás, desesperada. —Más fuerte, papi… quiero sentirte todo… Carlos aceleró, agarrándola del cabello rubio como riendas, simulando que la follaba salvajemente. El roce era tan intenso que Valeria se corrió por segunda vez, temblando y casi cayendo sobre el escritorio, su coño contrayéndose visiblemente. Probaron una más: la sentó en el borde del escritorio, le levantó las piernas y se colocó de pie frente a ella, frotando su polla contra su entrada en posición standing. La besaba con lengua mientras sus tetas se aplastaban contra su pecho musculoso. Valeria tuvo un tercer orgasmo intenso, mojando el escritorio con sus jugos. —Papi… casi quiero que me penetres ya… —suplicó entre jadeos. Carlos, con un esfuerzo sobrehumano, se detuvo. La abrazó, la besó en la frente y la mandó a ducharse. —Pronto, mi amor. Pero no hoy. Cuando Valeria se fue, Carlos cerró la puerta de su habitación con llave. Estaba al límite. Sacó de un cajón oculto un juguete s****l realista: una masturbadora en forma de v****a (fleshlight) de alta calidad, estrecha, suave y con textura interna que imitaba perfectamente un coño virgen apretado. La había comprado pensando en Valeria. Se desnudó completamente, mostrando su cuerpo marcado y su polla erecta palpitante, goteando precum. Se acostó en la cama, aplicó lubricante abundante al juguete y a su v***a. —Valeria… mi princesa… —gruñó mientras alineaba la entrada falsa con su cabeza gruesa. Empujó lentamente, sintiendo cómo la textura interna lo apretaba. —Joder… tan estrecha como tu coñito virgen… Empezó a follar el juguete con embestidas profundas y fuertes, imaginando que era Valeria debajo de él. Movía las caderas con potencia, haciendo que el juguete produjera sonidos húmedos y obscenos. —Valeria… te voy a abrir ese coño… te voy a desvirgar con mi polla gruesa… —decía en voz alta, acelerando. Cerró los ojos y visualizó su cara inocente gimiendo, sus tetas rebotando, su culo redondo golpeando contra él. Cambió de ritmo: primero lento y profundo, luego rápido y salvaje, golpeando el fondo del juguete como si estuviera contra su cervix. —Eres mía, princesa… este coño solo lo usa papi… ¡te voy a llenar de semen! Después de varios minutos intensos, con las venas del cuello marcadas por el esfuerzo, Carlos rugió el nombre de ella y se corrió violentamente. Chorros potentes y espesos de semen llenaron el juguete, desbordándose por los lados mientras él seguía empujando, ordeñando hasta la última gota. Quedó exhausto en la cama, con el juguete aún alrededor de su polla semierecta, respirando agitado y repitiendo “Valeria… Valeria…” como una oración prohibida. La resistencia se estaba rompiendo. Pronto, ya no habría vuelta atrás.
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