2019. El primer año había sido una locura. Desde el verano del 18, hasta el del 19, Dani y Samuel vivieron en un tira y afloja que no sabían cómo llevar y menos como presentar delante de la gente. Parecían novios, pero no llegaban ni a amigos. Se hablaban de vez en vez, solo por mensajes, porque cuando estaban en grupos grandes mantenían una distancia muy PRUDENCIAL. Participaron juntos en concursos de cocinas, cantos y eventos que los obligaron a mínimo tener que convivir en público y lo hacían como si nada entre los dos hubiera pasado. Cuando en privado pasaba todo. En sus celulares estaba el registro de los mensajes y el cariño plasmado en letras. Corazones azules y violetas que marcaban un poco la definición de lo que sentían. El color azul era por la confianza y el misterio, por

