… – ¡Maia, Esther! –volteo a un lado, una sonrisa se forma en mis labios, Stefan nos toma una foto mientras recojo algunos duraznos con ella. –Hermosas, preciosas... –llega hasta nosotras, toma a Esther en sus brazos. –Deberíamos ir yendo a la feria, ya ha de comenzar –este asiente y eso hacemos. _ Tomo su mano mientras que en la libre llevo la cesta de duraznos frescos. Todo el pueblo se dirige a la festividad anual y muchos se sorprenden al verme junto a Stefan. No era un secreto que yo era una chica que se vino de la ciudad y más aún embarazada. Nadie sabe sobre mi pasado, nadie indago, nadie se preguntaba acerca del padre de Esther, y la verdad, lo agradezco. Vemos un gran arco de globos y una pancarta dando la bienvenida, la música se escucha en la lejanía y las risas de los n

