Ningún dolor se comparaba con el hoyo que sentía en mi pecho y sin fondo. Jon había sido liberado de esa maldición que lo había hecho ser inmortal por tanto tiempo. De corazón nunca creí que alguien como él pudiera existir y no me refiero a su parte sobrehumana, sino a la fortaleza en su corazón. Todo en él siempre impulsaba belleza, fortaleza y bondad sin medida. Un hombre que no parecía serlo, siempre lo creí un ser celestial. Mi corazón estaba en llamas, tanto por el dolor de su ausencia como por el deseo de justicia. Nada deseaba más que tomar con mis manos su espada y clavársela en el pecho a Irvin. Provocarle el mismo dolor que yo sentía en mi ser, en mi alma. En mi corazón pedía al Todopoderoso que me diera la misma fuerza que le concedía a Jon, esa para hacer retroceder a la os

