Adara Collins. La casa no era la misma, no lo era. Los sillones estaban cubiertos por unas sabanas blancas que a la vez tenían polvo arriba. El cuadro que colgaba en la sala estaba tirado y roto en el suelo con algunos trozos de vidrios a su lado. Incluso había una que otra telaraña. Vaya, como cambia todo en un año... —Vaya todo esto está muy....— —Horrible— completo por Mariela—No es necesario que lo ocultes- —Oh no seas cruel, tampoco exageremos, simplemente unos retoques aquí y allá y todo estará perfecto, en si la casa es divina— —¿Verdad que si? Es muy bonita— anima Angélica. —Si lo es pero..¿de quién es?— —Es mía— le corto— es mi casa...— —Oh vaya pues, con más razón aún hay que dejarla hermosa— me regala una sonrisa y se adentra a la casa— En verdad agradezco el gesto

