Mi padre sin yo enterarme de nada, al día siguiente cuando fue al campo de entrenamiento decidió hablar con el faraón, ya que todos los días él iba a entrenar con sus soldados. Otros soldados ni siquiera se animarían hablar con él, pero como mi padre lo conocía de pequeño, podía hablar con él de forma más liberada, pues también sabía que lo respetaba mucho y lo admiraba. Nael: Soberano, buenos días. Hatem: Buenos días, Nael. ¿Estás listo para otra sección de entrenamiento? Nael: Siempre lo estoy, pero antes... quiero hablar de algo con usted. Hatem: Dime... Nael: Me gustaría hacerlo en un lugar más tranquilo. El faraón se lo quedó mirando pensativo, pero asintió con la cabeza y ambos se dirigieron a un lugar más privado para hablar, llegando a dicho sitio Hatem le preguntó: Hatem:

