Jazmín levantó su vaso como brindando. —Y haces bien, que se esfuerce y que sufra un poquito. Así aprenden. —No sé qué me pasa... —dije mientras jugaba con la pajita de mi limonada, sintiendo cómo el calor de la piscina me aplastaba aún más—. Antes quería matarlo y ahora lo extraño… hace una semana que no lo dejo acercarse. Jazmín soltó una carcajada tan fuerte que varias mujeres voltearon a verla. —Cariño… —dijo tocándose la frente como si le diera un ataque—, son claramente las hormonas del embarazo. Créeme, yo también pasé por eso. Creo que jamás he tenido tanto sexo en mi vida con Alekdrad como en mis embarazos. Abrí los ojos sorprendida. —¿En serio? —En serio —asintió con solemnidad exagerada, apoyando la mano en su corazón—. Por algún motivo, cuando estás embarazada los hombre

