―No puedo creer que vayamos tarde ―murmuró Abby en voz baja mientras Zoran y ella se apresuraban por el largo pasillo―. Habríamos llegado a tiempo si te hubieras guardado las manos para ti. Zoran seguía exhibiendo una amplia sonrisa en la cara, tan estúpida como satisfecha. ―Pero necesitabas ayuda con el vestido. ―Sí ―dijo Abby, fulminándolo con la mirada―. Con ponérmelo, no con quitármelo. ―Pero, elila, estás tan preciosa cuando no llevas ropa ―respondió Zoran, y su sonrisa se volvió todavía más satisfecha al recordar cómo habían acabado haciendo el amor de nuevo incluso a pesar de que había estado intentando vestirse para la cena. Zoran había conseguido no ponerle las manos encima después de que por fin salieran de la piscina de baño… o al menos lo había conseguido hasta que Abby se

