Álvaro quería acercarse a Isabella para amenazarla, pero el anciano hizo esto algo imposible de que sucediera. Cuando su esposa lo miró se mostró tranquila y en sus ojos había una gran paz.
—¿No les asquea su propia hipocresía? —preguntó a Álvaro y a Camila mientras los veía fijamente —si me he quedado callada es para ver hasta dónde son capaces de llegar, y por lo visto son un par de degenerados que tienen doble cara.
—Dime qué es lo que ha sucedido, ¿Él es realmente tu esposo o también con eso miente?
—Quisiera decir que miente, pero la realidad es que desgraciadamente en eso es lo único que no está mintiendo. La mujer a su lado es su amante y esta casa es mía, sin embargo, ellos se quieren adueñar de ella cuando fui yo la que la edificó con muchos sacrificios. Cuando me negué a firmar el divorcio fue que me lanzó por esa ventana diciendo que si no pensaba darle su libertad para que se case con esta prostituta fina pues iba a quedar viudo.
Las sirenas de la policía se hicieron presentes, cuando Álvaro pensó que estaba perdido fue que miró a su tío bajar del coche y caminar con tranquilidad.
—Señor oficial, necesito que ponga en detención a este sujeto —el anciano miró a aquel hombre y le habló con autoridad —él ha cometido un delito, empujó a su esposa por la ventana solo porque ella no quiso firmar el divorcio sin antes saber lo que estaba firmando.
—¿Tiene usted evidencias? Porque si no es así, mucho me temo que no podré asistir a su solicitud.
—¡La víctima lo ha dicho! Ella se encuentra viva de milagro —él tomó las manos de Isabella y las mostró —vea lo que ha sucedido porque esta pequeña se sostuvo de esas enredaderas, está malherida.
—Las personas suelen mentir, si no tiene algo que pueda comprobar lo que está diciendo solo nos ha hecho perder el tiempo.
—Abuelo —Isabella tomó del brazo al hombre —no se preocupe, levantar una denuncia en contra de Álvaro es algo inútil; le presentó a su tío que viene siendo su alcahueta en cada una de las sinverguenzadas que mi marido hace.
—¡No me faltes el respeto de esa manera! —el tío de Álvaro reaccionó muy mal —te recuerdo que soy la autoridad.
—No le estoy faltando el respeto, solamente estoy diciendo la verdad. Créame que si me provoca demasiado voy a tomar cartas en el asunto y no le van a gustar los resultados.
—Vaya que te crees mucho, la realidad es que hablas sin siquiera tener alguien que te defienda y pueda dar la cara por ti haciendo que nos traguemos nuestras palabras.
—¿En serio se atreve a hablarle de esa manera a mi nieta? —el anciano dio un paso al frente —claro que tiene quien la respalde.
—¿Quién? ¿Usted? —el tío de Álvaro comenzó a reír —que buena broma, un viejo que no sirve para nada viene a querer respaldar a la huérfana de la ciudad.
Aquel hombre miró a su chófer y con un leve asentimiento de cabeza, este se acercó y le dio una bofetada muy fuerte que lo hizo trastabillar.
—¡Detén a este infeliz! —le ordenó al otro oficial —¿Qué esperas?
—Capitán, lo mejor es no meterse con ese señor —él se acercó con su celular y le mostró la pantalla —debería pedir disculpas.
—¿En serio quieres creerle a la prensa amarillista? Es obvio que este viejo no es quien dice ahí.
—Bueno, al menos tengo que reconocer que este oficial ha sido astuto en hacer esto. Cuando decida detener a mi chófer me puede contactar, por el momento nos vamos de aquí y esto es porque mi nieta así lo ha decidido.
—Levantar una denuncia sería algo demasiado sencillo —ella miró a Álvaro y a Camila —tengan por seguro que muchas cabezas van a rodar y las de ustedes serán las primeras, se van a arrepentir por todo lo que me hicieron y sobre todo por el tiempo pérdido.
Cuando Isabella miró al tío de Álvaro le dedicó una mirada tan gélida que fue capaz de erizar al hombre que le ganaba por mucho en altura.
—Usted no será la excepción, espero que cuiden mi coche muy bien, porque pienso regresar por él y por ustedes.
Isabella se fue con el anciano y dejó atrás aquella casa, el hombre quiso pasar por el hospital al verla en ese estado, pero ella no quiso hacerlo.
—No sé adónde voy a ir, al menos tengo dinero para mantenerme por un tiempo.
—Claro que tienes adonde ir, vivirás conmigo y con mi nieto en la capital. Voy a hablarle a él acerca de tu caso, mi muchacho es un excelente abogado y ten por seguro que sacará el mejor provecho con ese divorcio.
—Se lo agradezco —ella miró la hoja que Álvaro le había dado para que firmara —mire, esta es el acta de divorcio.
—A ver, déjame leer lo que ese infeliz quería que firmaras —él tomó el papel y sacó sus lentes para leerlo —es un infeliz, aquí renuncias a tu casa y también al carro que dices que te pertenece.
—Sí, es lo único que tengo y créame que no quiero que le quede a Álvaro después de todo lo que hizo.
—Has hecho bien en no firmar el papel, cuando lleguemos a la mansión vamos a ver si mi nieto se encuentra y así hablamos de tu divorcio. Ahora necesito que me digas todo lo que has pasado en tu matrimonio.
Isabella le contó todas las vejaciones a las que fue sometida durante su enlace matrimonial, cada vez que el anciano pensaba que una cosa no podía ser superada, se presentaba algo que lo hacía cambiar de parecer. Él al terminar de escuchar a la mujer, se quedó casi con la mandíbula en el suelo; le parecía inconcebible todo lo que le habían hecho y todavía ella estaba dispuesta a sonreír y a ser amable con aquellas personas que merecían esto.
—Bueno, creo que eres una mujer increíble. No puedo creer que has soportado tantas cosas y a pesar de eso la amabilidad siempre la tienes a la disposición de los demás.
—Las otras personas no tienen porque pagar los platos rotos en los que no tienen nada que ver, además, Álvaro a pesar de todo tiene razón. Soy una mujer totalmente desabrida y no despierto ningún interés en nadie.
—¿Sabes una cosa? La mujer es el reflejo de su marido, tú eres el mejor ejemplo de la manera que ese bueno para nada no sirve como esposo. Ten por seguro que con los cambios adecuados te vas a ver hermosa, solo dejale a tu abuelo todos tus problemas y apóyate en mí porque suficiente tiempo has sido fuerte.
—Gracias, abuelo —Isabella lo abrazó —no tiene idea lo mucho que le agradezco esto, es increíble que un desconocido para mí vino a hacer lo que nadie fue capaz de hacer durante muchos años.
—Pequeña, quiero decirte algo —él alzó el rostro de Isabella mientras la tomaba por su mentón —debes entender que no siempre alguien va a estar ahí para salvarte, muchas veces es necesario que saques el coraje que tienes dentro y te defiendas. No siempre habrá una persona a tu lado que dé la cara por ti, en estos momentos cuentas conmigo, pero cuando no sea así por motivos simples como que estemos en distintos lugares, debes de ser valiente y defenderte. Sé bien que eres capaz.
—Espero poder sacar la cabeza de la tierra en la que mi marido la enterró, créame que antes no era así. Al final enfrenté la muerte de mi mamá que era lo único que tenía, solo espero que llegue a salir adelante y darle su merecido a todos aquellos que la merecen.
En la mente de Isabella no solamente estaba Álvaro y Camila, sino también aquel hombre que se atrevió a dejarle dinero después de lo que habían hecho como si ella se trataba de una vulgar prostituta que se ofrece al mejor postor.
“Es la primera vez que hago esto, no puedo creer que ese idiota me hiciera semejante canallada. Veré de qué manera investigó sobre él para darle una lección.”
Al final llegaron a la capital, Isabella no esperaba que él estuviera hablando en serio e incluso llegó a dudar de la veracidad de sus palabras. Ella era consciente de que el estilo de vida de este sitio era bastante costoso, incluso el más sencillo.
—Bienvenida a mi casa que ahora es tu casa también.
La mansión se eleva en uno de los sitios más prestigiosos de la capital. Al entrar es recibida por un candelabro en la entrada. Ella está sorprendida por la riqueza de este sitio.
—No tenía que tomarse tantas molestias, señor. Suficiente hizo con defenderme de aquellas personas.
—Te debo mucho por salvarme la vida, Isabella. Te llevaré bajo mi protección y te ayudaré a que consigas la justicia que te mereces.
—¿Quién es usted? No es conveniente que se meta con los White, créame que son personas desagradables cuando se lo proponen.
—Soy Alexander Cassano, un hombre multimillonario. Y ahora, Isabella, tienes una segunda oportunidad en la vida…