Esa noche Isabela estaba diferente desde el principio. No de la forma en que estaba diferente cuando el parque pesaba o cuando había algo que no quería decir. Era otra cosa. Estaba más ligera, más cerca de la superficie, como si por una noche hubiera bajado algo que normalmente cargaba sin que se notara. Brandon lo sintió cuando llegó. —Estás de buen humor —dijo, sin poder evitarlo. Isabela lo miró con algo en la expresión que no era exactamente una sonrisa pero que se le acercaba. —¿Se nota? —Un poco. Se sentaron en los columpios. El parque estaba tranquilo. Las farolas encendidas, el viento en los árboles, el sonido distante de la ciudad. La normalidad aparente de siempre, que ya no se sentía aparente para Brandon sino simplemente como el contexto en que ocurrían las cosas que imp

