Los días que transcurren evito toparme con Franco, salgo a casa de Alex cuando me entero que vendrá de visita y cuando es inevitable encontrarme con él, me doy cuenta que ha entendido mi mensaje. Ya no me mira y me saluda de lejos, tampoco me incluye en las conversaciones. Me duele todo esto, pero es mejor así, es mejor la distancia entre los dos.
(...)
El tiempo sigue su curso, ya han pasado unos meses y en el liceo tenemos nuestras últimas calificaciones para finalizar el año y licenciarnos de secundaria. Muchos de nuestros compañeros están preparándose para dar la prueba de ingreso a la universidad. Yo seguiré el consejo de mamá y el próximo año haré un pre universitario y buscaré una carrera que me guste.
Alex, a pesar de que es muy bueno estudiando, no ha decidido que carrera seguir. Es una decisión importante, por este motivo decidió ingresar conmigo el próximo año en el pre universitario.
Con Alex debemos presentar un proyecto y hemos ido de su casa a la mía trabajando en ello. Hoy hacemos la parte final en la cocina, mis padres tenían una invitación de unos amigos así que estamos solos. Yo me estoy ocupando de los gráficos y Alex de agregar la información. Hago una pausa y me masajeo el hombro derecho que ya lo tengo acalambrado de tanto dibujar y miro a Alex que sigue concentrado. Me giro, y tomo desde el mueble de cocina, un pedazo de tarta de manzana que nos preparó mamá antes de irse y de improviso Alex me quita un pedazo.
—¡Ey! con mi comida no, o estarás en graves problemas conmigo. — Lo miro fingiendo enojo. Sonríe burlón y se echa a la boca el trozo de tarta.
>
Analizo el trabajo para ver si falta algo más que agregar o corregir, y Alex alarga la mano otra vez y me quita todo el trozo y se pone de pie para poder comérselo antes de que se lo quite.
—¡Alex, te dije que con mi comida no!
Me lanzo en picada a recuperar mi trozo robado pero Alex lo levanta sobre su cabeza y yo doy saltitos intentando fallídamente de recuperarlo. Rápidamente me subo a una silla y logro quitárselo, al instante estallan las carcajadas pero él no se rinde, es demasiado competitivo para hacerlo, llevo lo que queda de tarta atrás de mi espalda y Alex se acerca a recuperarlo y con el ímpetu me empuja y caigo de espaldas a la mesa, él amortigua la caída y yo aprovecho la distracción para comerme lo que queda, sigue sin darse por vencido, intenta quitarme el trozo que me estoy llevando a la boca y nos da ataque de risa porque ninguno de los dos quiere ceder.
De tarta ya no queda, está en mi boca, mi cara, mi cabello y sobre la mesa. Me duele el estómago tanto reír y tenemos tanto alboroto que ni cuenta nos hemos dado que alguien ha entrado en la cocina y acaba de carraspear.
Ambos giramos la cabeza en su dirección y nos quedamos pasmados mirándolo, con el detalle de que Alex sigue encima de mi >. Franco está apoyado en la puerta con las manos en los bolsillos, Alex es el primero en reacción, se levanta y me toma de la mano para ayudar a incorporarme. Aún tengo tarta en la boca que intento comer a toda prisa. Mi amigo no puede evitar reírse de la escena mientras quita trozos de tarta que quedaron enredados en mi cabello y Franco está extrañamente serio, no se ríe ni tampoco saluda, no dice absolutamente nada, espera paciente a que termine de comer mientras me observa y cuando logro tragar como si fuera un pelícano atorado, suelto:
—Papá no está.
El asiente y su mirada va de Alex a mi repetidas veces, su ceño se frunce y me responde con un seco:
—Lo esperaré en la sala.
Miro a Alex y ambos nos encogemos de hombros y sonreímos como si fuéramos dos niños pequeños descubiertos en una travesura. Volvemos a trabajar y Franco se sienta justo en el sofá que da frente a la puerta de la cocina y puede ver todos nuestros movimientos, lo miro de reojo... lo noto realmente enojado. >. Alex me hace algunas sugerencias para corregir algunos gráficos y se sienta a mi lado para contemplar mientras trabajo a cabeza gacha, es mi fans número uno. Su celular suena y Alex responde la llamada con un: "¡se me olvido!... ¡ya, ya voy!" y corta.
—Amanda, me tengo que ir —dice con urgencia y se para rápidamente.
—¿Que pasó?
—Mis padres me están esperando, había olvidado que teníamos que salir. —Pone cara de disculpa.
—¿Y por qué no te pasan a buscar acá?
—Porque el lugar al que vamos es contrario a tu casa. Mi mamá está muy molesta, me había dicho que llegara temprano ¿Puedes terminar lo que falta?
—Obvio que sí, no te preocupes. Yo termino.
Se despide y se lleva un trozo de tarta, nos reímos cómplices, cruza un gesto de despedida con Franco y se va, yo sigo terminando mi trabajo. Sin esperar mucho, Franco se levanta de su lugar y viene hacia mi, entra en la cocina y me mira sin decir nada, su rostro demuestra que sigue enfadado.
—¿Quieres... tomar algo? —le pregunto vacilante mientras me pongo de pie, algo me dice que no está de humor, me responde con un gesto negativo de la cabeza.
—Amanda ¿estaban aquí, solos? —interroga a secas, sin el más mínimo grado de amabilidad habitual.
—Eh... ssi... estábamos haciendo un trabajo ¿por qué? —Lo miro confundida y él mueve la cabeza en desaprobación.
—¡Los dos solos, Amanda! —alza la voz y comienza andar de un lado a otro conteniendose con dificultad.
—Franco, pero... ¿qué te pasa? —pregunto desconcertada— Alex es mi amigo, siempre vie...
—¡Amanda, por favor! —me interrumpe—. ¿¡Acaso no te diste cuenta de como te miraba mientras dibujabas!? ¡Ni siquiera se fijo en lo que hacías!
¿Como respondo a eso? Mi mente no puede procesar esa información, es inconcebible pensar de ese modo en Alex. No me gusta para nada sus insinuaciones y solo puedo mirarlo en silencio totalmente paralizada.
—¡No pueden estar solos! No sé como Enrique lo permite...
¿¡Pero qué rayos le pasa!? Intento mantener la calma, pero ya me está cabreando con sus insinuaciones y reproches.
—Franco, estás equivo...
—Amanda ¡eres demasiado ingenua! —Otra vez no me deja terminar, se detiene con una mano en la cintura y con la otra hace grandes gestos totalmente fuera de sí y no me escucha, sigue en su monólogo—. Eres una niña inexperta que no se da cuenta de nada aunque esté pasando frente a sus narices.
¡Auch! eso dolió. ¿Lo habrá dicho por Alex o por él? ¡Estoy alucinando! su inesperada actitud me tiene tan confundida y lo peor es que no logro reaccionar porque siempre estoy evitando las confrontaciones.
—Franco ¡cálmate por favor —le pido—. Estás exagerando las cosas, no hay nada entre Alex y yo ¡¿No entiendo qué te pasa, por qué reaccionas así!?
—¡No me calmo nada, Amanda, nada! si cuando entro lo primero que veo es a ese mocoso encima tuyo ¡Y para colmo están solos!
Da vueltas de un lado a otro sin parar, a ese ritmo hará un agujero en el piso, no quiero ni saber como se pondría si se entera que he estado a solas con Alex en mi habitación. ¡Estoy cada vez mas enojada!
>, me digo a mi misma dándome ánimos, respiro profundo para tomar coraje y le digo:
—¿Sabes qué? —Lo miro de frente y con enojo, me acerco un poco para que entienda bien lo que le voy a decir—. Si estoy sola en casa con Alex o no ¡ese no es tú problema! Tú no tienes derecho a opinar ni a cuestionar que tipo de relación tengo con él, ni con nadie. Eres el socio de papá, no mi padre y tampoco me grites que estoy aquí a tu lado y te escucho perfectamente.
Me mira perplejo, no sé esperaba esta reacción de mi parte. Su boca se abre y cierra varias veces intentando rebatir, pero no dice nada. De un momento a otro sale de la cocina, furioso, toma su chaqueta y se va. >. Me quedo en la cocina desorientada, nunca lo había visto en ese estado. Me acerco al lavaplatos para tomar un vaso con agua y poder calmarme. Esta situación es totalmente surrealista, no doy crédito a lo que acaba de pasar. Franco estaba tan descontrolado y fuera de sí.
Perdida en mis pensamientos, la puerta vuelve a abrirse y escucho pasos apresurados acercándose a la cocina, me giro de inmediato para ver quien ha entrado... es él.
—Franco por favor, yo no quiero seguir discutiendo...
Sin responderme, avanza hacia mi, ni siquiera alcanzo a reaccionar cuando Franco me toma de la cintura y de un solo movimiento me sienta sobre el mueble. Lo miro a los ojos intentando comprender que está haciendo, pero sus movimientos son más rápidos, sus manos sostienen mi cabeza para evitar que la gire y se lanza a mi boca.
Desde que nos conocimos, iniciamos un juego peligroso. Él acaba de hacer un último movimiento arriesgado, donde se juega el todo por el todo, y me obliga a jugar. Acabo de perder la partida...
Me entrego a su deseo, a su boca y a su pasión. Me besa con un deseo intenso... y yo también, como si llevara mucho tiempo esperando este momento. Va marcando el ritmo, y yo le sigo el compás. Sus labios y su lengua suaves, cálidos y húmedos buscan la mía, no le niego nada, sus manos expertas acarician mi espalda, cojo su cara con mis manos y acaricio su barba, esa barba que me fascina, el contacto me enloquece y me hacen perder el control, lo atraigo con mis piernas y me aferro a su espalda, se le escapa un gemido ronco y yo me convierto en llamas, esas llamas que conozco muy bien desde que lo conocí. El placer explota en mi interior y se expande por todo mi cuerpo, por la sangre que recorre mis venas y vuelve a explotar una y otra vez, con cada caricia, con cada gemido de su boca, con sus besos, con el aroma de su piel. Franco se mete por cada poro de mi cuerpo y yo me olvido del mundo... de mis miedos... y de mis prejuicios.
Solo existimos los dos y este loco deseo que sentimos mutuamente.