—Artemis... —su fresco aliento sobre mi cuello. —Mmm... —Artemis... —sus labios acariciandome, atrayéndome. —Mmm... —Artemis... —tienes que resistir. Eres fuerte. —Cariño no me obligues a meterme a la cama otra vez... —besa mi cuello. No le haré caso. —¿O quieres hacerlo? —insiste, no voy a inmutarme. No seria capaz de hacerlo, es Damascus Priest y el mismo ha dicho que no me lastimaría. No ha sido todo muy concreto pero estoy segura que eso me ha dado a entender. Confío en él. Una de sus manos se escabulle por mi cintura acariciándome, no voy a poder, estoy muerta y ya no tengo nada de energía en el cuerpo. Va a matarme. Me incorporo empujándolo y alejándome todo lo que puedo de él. —¡Tú, maquina s****l! ¡Aléjate! —advierto segura. Damascus sonríe, mi corazón se detiene un

