Tras una semana de trabajo todo estaba listo para comenzar a levantar las paredes laterales. El padre avisó de que los materiales ya estaban en camino, y antes de que acabara de decirlo, un carro tirado por bueyes asomó por el empiece de la calle llevando a lomos todo lo necesario para concluir la construcción. Había tablones de tamaño desigual, recubrimiento para el tejado, tizne rojo para que el guango no desentonase con el entorno, traviesas de madera de diferentes medidas, y también, un buen número de herramientas manuales que habían pedido prestadas para poder realizar la tarea. Lo tenían todo, a excepción de las piedras necesarias para el asiento de la cimentación. Rio el padre de nuevo y ordenó a los dos aprendices de albañil que las buscasen por los alrededores y que hiciesen dos m

