La mañana siguiente, después de descansar un poco en el departamento de Jack, me levanté y salí de la habitación. Al cruzar el pasillo, lo encontré allí, con una charola de desayuno en las manos, su expresión entre seria y preocupada. —No debiste levantarte —me dijo, con un como si estuviera reprochándome. —Debía hacerlo —le respondí con mucha vergüenza. —Mi vida debe continuar, Jack. Él bajó ligeramente la mirada y dejó la charola sobre la mesita. —Al menos desayuna —insistió. —No —dije, tratando de no sonar dura con él. —Debo irme, gracias por todo Jack. Sin más, me giré y me dirigí hacia la puerta, tomando un taxi que me llevara de regreso a la mansión. En el camino, sentía una mezcla de cansancio y pocos deseos de luchar por la verdad, pero era claro que necesitaba enfrentar

