Me levanto de la cama y enrollo mi cuerpo desnudo con la toalla con que me había secado la noche anterior, miro hacia la cama y por unos segundos observo como duerme Leiner plácidamente, y no puedo evitar sonreír ante la escena. Imágenes de la noche anterior se reproducían en mi cabeza y mi corazón saltaba de alegría por lo que ha ocurrido, mi rostro se calienta solo de pensar que deseo nuevamente tenerlo entre mis piernas y aunque es algo normal no dejo de sentirme como una zorra. Vuelvo a la realidad cuando alguien toca la puerta con apuro y afinco más el agarre que mantengo sobre la pequeña toalla que cubre lo necesario. Leiner se levanta de golpe y a pesar de aún sentirse desorientado me indica que me coloque detrás de la puerta para evitar que nadie me vea desnuda. —¿Quién carajos e

