El día lunes Paolo amanece de muy buen humor después de pasar un maravilloso domingo al lado de la mujer que ama, decide hacer el desayuno y le da un beso en los labios antes de salir de la cama, tararea alegre y su adorada Arely se levanta y lo encuentra en la cocina, lo abraza por la espalda adorando sentir su cálida espalda y por impulso besa su cuello. —Buenos días mi amor —saluda poniéndose en puntitas y acariciando su torso —¿despertaste hace mucho?. —Más o menos mi cielo —responde con ternura —, hoy no puedo venir a pasar la noche, tengo una junta y una cena así que no sé a qué hora me voy a desocupar y sé que voy a tardar por eso prefiero pasar derecho al apartamento. —Vale, hoy tengo cita con mi ginecólogo y creo que hay un asunto del que no hemos vuelto a hablar —se sienta en

