A la mañana siguiente Adrian se levantó al baño y al salir permaneció de pie observando a Jennifer quien dormía desnuda boca abajo con una pierna doblada, la otra extendida y su mejilla apoyada sobre la almohada que abrazaba. A pesar de que toda su piel lucía un bello tono dorado, para su gusto muy personal, al haberse asoleado desnuda había perdido la sensualidad de las líneas de bronceado… Recordó cómo la noche anterior al regresar de su aventura en el yate y haberse duchado, habían “hecho el amor”. El había estado dentro de ella por mucho tiempo, sus movimientos habían sido lentos y llenos de una especial ternura que ella correspondía con amorosos suspiros, con sus manos recorrió “mil veces” la tersa piel de su mujer, mientras que, entre suspiros y pequeños gemidos de ella, juntaban sus

