En su luna de miel habían pasado tres semanas viviendo una apasionada aventura de sexo y diversión alejados de su nueva realidad y cuando ésta se les presentó para recordarles que la diversión había terminado dio comienzo el caos. Desde en qué lugar del garaje estacionar su auto o en qué lado de la cama les correspondía dormir, su lugar en la mesa, los cajones del armario, la forma de apretar el tubo del dentífrico, como colgar las toallas húmedas o donde dejar la ropa sucia, todo, absolutamente todo era motivo de discusión, lo que hacía suponer a Jennifer que su matrimonio solo funcionaba en la cama y teniendo sexo ya que a pesar de la agradable sensación de las sábanas de satín sobre su cuerpo desnudo, muchas noches despertaba desconcertada sin saber en dónde y porque estaba desnuda en u

