Capítulo 30 —El secreto Narrador: Lucía no planeó buscarlo. Fue el cuerpo el que decidió primero. Salió de la galería lateral cuando Leonardo desapareció por el pasillo, caminó sin rumbo aparente por la casa, esquivando miradas, aprendiendo a moverse como si siempre hubiera sabido hacerlo. Subió una escalera secundaria, cruzó un corredor que casi nadie usaba y abrió la puerta del antiguo cuarto de invitados que daba al jardín trasero. Rodrigo estaba allí. No sentado, no relajado, de pie, cerca de la ventana, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en la oscuridad exterior. Como si hubiera sabido que ella iba a llegar. Lucía cerró la puerta con cuidado. El sonido fue mínimo. Suficiente. Rodrigo se giró al instante. La miró y dio apenas un paso hacia ella y fue suficiente.

