Capítulo 27 —El pacto Narrador: El invernadero había quedado atrás, pero el eco de lo que acababan de decidir seguía latiendo entre ellos como una herida abierta. Lucía caminaba junto a Rodrigo por el sendero oscuro, con el cuerpo todavía tembloroso, no de miedo, sino de una lucidez nueva, brutal. No se tomaban de la mano, no podían, no todavía. Era demasiado pronto para gestos visibles. Demasiado peligroso. —Tenemos que ser inteligentes —dijo ella, rompiendo el silencio, con la voz baja pero firme —No impulsivos. Rodrigo asintió. Tenía la mandíbula apretada, los hombros tensos, como si cada paso fuera un ejercicio de autocontrol. —Lo sé —respondió —Créeme que lo sé. —La miró de reojo —Pero te advierto algo, Lucía, fingir no me va a resultar fácil. Ella se detuvo. Lo obligó a mirarla

