Eran a penas las diez de la noche y ya todos se encontraban en sus habitaciones, la llegada de Tain había provocado revuelo en un inicio pero rápidamente se acostumbraron a él, Mia llevaba unos cinco minutos frente a la puerta debatiéndose que hacer, caminaba inquieta e indecisa, la puerta se abrió y ella se sobresaltó: —¿Planeabas tocar en algún día? —¿Podemos hablar ahora? —Tain se hizo a un lado invitándola a pasar —Sabía que vendrías en algún momento —Ella lo observó arqueando una ceja —. Eres igual a tu madre, sabes, excepto por tu pelo rojizo y la sonrisa que heredaste de tu padre, fuera de eso eres su copia —Mia no dijo nada pero quería saber más sobre ella, le gustaba parecerse a ella, ahora con Tain podría descubrir cómo era a través de su compañero, quien seguramente conocía t

