Llegó el momento

1462 Palabras
Todo era muy confuso, Mia no tenía idea de que había sucedido y todo en ella se sentía diferente, algo había cambiado dentro de sí pero no sabía ni cómo ni por qué. Había pasado un día desde que despertó y su padre, no la dejaba a solas ni un momento, algo le preocupaba y ella quería saber el qué, Neahm también estaba rara, no hablaba y apenas se alejaba de los libros que traía de la biblioteca. Todo era tan confuso, pero lo que más le preocupaba era aquello que no había contado a nadie. Durante su trance la chica llevó su mente a un mundo desconocido para ella, escuchó y vio cosas que eran un sin sentido, quería saber quién era aquel joven de cabellos negros que encadenó, torturó y asesinó a una mujer de cabello blanco, su curiosidad aumentó cuando se dio cuenta de que era la misma que el espectro de la muerte había puesto en imágenes en su cabeza. No podía parar de preguntarse quién era ella, pero jamás le vio el rostro o supo cómo se llamaba. Le dolió tanto ver esas imágenes y no poder hacer nada, ser solo un fantasma en medio de la nada visitando lugares que jamás había visto o incluso imaginado. También vio aquella mujer de cabellos negros que le provocó escalofríos en cuanto la vio, ella era la verdadera enemiga, movía los hilos del destino a su antojo desde las sombras y nadie se percataba de ello, usaba una magia oscura para manipular a su antojo al chico que asesinó a la mujer de alas negras. Por último pudo ver a un joven sumamente atractivo, de cabello largo y blanco, su piel era muy pálida pero no parecía estar enfermo en realidad se veía muy saludable, sus ojos eran verdes pero lo más exótico en él, eran los tatuajes que tenía en su frente y en su mandíbula, eran unas letras raras que jamás había visto. Llevaba una ropa plateada muy elegante y en su cabeza había una sencilla pero hermosa corona, aquel hombre era el rey en algún lugar del mundo y a pesar de tener el rostro marcado con tinta el chico no perdía una gota de su atractivo, al contrario la hizo querer conocerlo y por algún motivo desconocido, todo el miedo que sintió desapareció en cuanto lo vio sonreír con dulzura y amabilidad a unos niños que tampoco tenía idea de quiénes eran. Lo observó durante días, anhelaba saber su nombre pero todos en el palacio en que vivía le llamaba alteza. Dos días fueron suficientes para darse cuenta de que no era un tirano, amaba a su gente y ese cariño era mutuo. Deseó estar verdaderamente en aquel lugar y conocerlo, en más de una ocasión ella creyó que el chico se percataba de su presencia porque por momentos el miraba en su dirección, específicamente a sus ojos pero luego se percataba que solo miraba al vacío. Intentó hablar en varias ocasiones pero su voz no salía de su garganta, como si se la hubieran robado para que nadie pudiera escucharla y cuando menos lo esperaba un espectro muy parecido al portador de la muerte pero con trajes de color blanco apareció frente a ella, la tomó de la mano y de un momento a otro había regresado a su cuerpo y se sintió afortunada al ver a su padre junto a ella y al otro lado de la habitación a Neahm, finalmente luego de toda aquella locura sin sentido estaba de regreso. No había contado nada a nadie sobre lo sucedido y esperaba que tampoco le hicieran preguntas porque no sabría qué responder. Su padre finalmente la había dejado a solas para que se diera un baño y así lo hizo, una vez finalizó se puso un traje n***o peinó su cabello en una coleta y salió de la habitación en busca de comida. Aún era de día y los pasillos estaban muy transitados por los ángeles que allí vivían, nadie la miraba extraño actuaban como si supieran exactamente quién era y porque estaba allí, algo que para ella era desconocido, tenía que encontrar un momento a solas con su padre para aclarar todas esas dudas que la acechaban. Encontró el gran comedor guiándose por su olfato, el cuál misteriosamente estaba más agudizado que nunca, todos sus sentidos habían cambiado, podía notar como todo en ella lo había hecho, hasta los colores se venían diferentes, se sentía más liviana y como si ahora fuera más ágil. Entró al gran salón y al momento pudo ver las fuentes llenas de comida, había de todo, no sabía ni por dónde comenzar. Tomó un plato y se sirvió pequeñas raciones de diferentes cosas, estaba famélica. Se sentó un una mesa y tratando de disimular su desesperación por la comida comenzó a engullirse de alimentos. Una vez estuvo satisfecha recogió todo e imitó a todos los del lugar que dejaban sus platos en el mismo sitio. Caminó hacia la puerta, quería encontrar un sitio tranquilo y silencioso para relajarse y poder pensar, aunque no conociera aquel lugar estaba dispuesta a encontrarlo. Trató de recordar el camino que tomó aquel día con su padre para llegar un jardín pero terminó perdiéndose por tantas puertas y pasillos que habían allí. Finalmente decidió relajarse y usar toda su concentración para encontrar algún olor o sonido que provinieran del exterior, estaba segura que así encontraría una salida del castillo. Cerró los ojos, acumuló sus fuerzas, se centró en lo que deseaba y así escuchó el canto de unos pájaros, los abrió, se percató que el sonido provenía de una puerta muy cerca de donde se encontraba y a ella se dirigió. Pero antes de que pudiera siquiera tocar el pomo de la puerta una mano desconocida la detuvo. —Nadie puede entrar ahí —le dijo una voz ronca y fuerte que provenía de un joven sumamente apuesto como todos ángeles. —Yo solo estoy buscando un lugar para salir al exterior —El chico al notar que Mia estaba perdida y realmente no sabía que había tras esa puerta sonrió. —Ven te llevaré al jardín —Le tendió una mano para guiarla pero ella no la tomó, sabía que nadie en aquel lugar le haría daño pero ella no lo conocía y tampoco se fiaría de ellos ciegamente, estaba en su naturaleza desconfiar de todos a su alrededor. —Como quieras —El chico retiró su mano y le señaló la dirección para que comenzara a caminar —ven sígueme —Ella caminaba detrás suyo y notó como él la miraba de reojo, le dieron ganas de soltar una risita pero se contuvo. La guío por una parte que aún no había visto, se preguntó si en algún momento ella conocería realmente todo ese lugar. —Es aquí —Miró al frente y vio un enorme jardín lleno de árboles y flores, los pájaros cantaban como si estuvieran felices de estar allí, habían mesitas distribuidas por el lugar y en el centro había una imponente fuente que en su cima tenía una pareja de ángeles enamorados, aquel sitio era de ensueño. Estaba segura que nunca vería algo similar. Dio pequeños pasos y sintió una suave brisa acariciando su rostro, en ese lugar nada era igual al mundo de los humanos el olor, la energía, la tranquilidad y armonía con la todos convivían, era un estilo de vida y un mundo distinto. —Gracias —Se volteó para agradecerle al chico que la miraba curioso por la reacción de sorpresa de ella. —Un placer Mia —Se sorprendió al escuchar su nombre en su boca, ella no sabía cuál era el de él —¿Cómo te llamas? —La miro y sonrió, dios esa sonrisa era igual a la de su padre capaz de derretir los corazones mortales, tan característica de los seres celestiales, incluso ella podría caer ante ellos. —Tu padre te espera por allá, ya nos veremos —Antes de que ella pudiera siquiera protestar él extendió sus alas y se alzó en su vuelo. Se giró y buscó donde él le había dicho y vio a su padre sentado solitario en un banco caminó hacia Raziel y se sentó a su lado, él la miró y le obsequió una sonrisa al verla. —¿Qué es eso? —Preguntó al ver una carta con un sello extraño en sus manos —Dejó ir un suspiro y la miró —Creo que es hora de que te explique todo lo que está pasando —Ella sonrió, era lo único que deseaba en esos momentos, la verdad. —Me parece muy bien —contestó —¿Por dónde quieres que empiece? —Por el inicio de todo
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