El palacio se encontraba en absoluto silencio, solo se sentían los ruidos provocados por los animales nocturnos. Era pasada la media noche y todos descansaban, en los pasillos deambulaban los guardias que custodiaban cada rincón del palacio. El príncipe Dustin se levantó de la cama, a su lado descasaba Meriel, con cuidado de no despertarla tomó su ropa, se vistió y salió de su habitación. Los guardias le hicieron una reverencia al verlo pero este ni se inmutó, continuó su camino a los calabozos, justo como el mismo había ordenado cuatro de sus mejores hombres custodiaban la entrada. —Asegúrense de que nadie se acerque —Dos de ellos asintieron y los otros dos, se pusieron a hacer rondas por la zona Dustin bajó las escaleras a paso lento, aquel lugar estaba oscuro pero conocía el camino

