Hubo un beso dulce y suave que me enloqueció la respiración. Se apartó respirando tan profundo como lo hacía yo. Sus ojos profundamente azules seguían contemplando mis labios, de un modo como nunca antes había visto hacerlo. Suspiré un par de veces sin creer que fuera posible estar así, uno frente al otro sin estar a la espera de enfrentar un conflicto o una guerra. Pero sabía que tal como él había dicho, la posibilidad que al convertirme en algo semejante a un guardián implicaría irremediablemente ciertos enfrentamientos, sin embargo, mientras tanto disfrutaría mucho de tenerlo conmigo, cada instante que pudiéramos estar juntos lo atesoraría y por supuesto que apostaría por ser intensa si él lo permitía. No pude contenerme una vez más a observar con profundo arrobamiento las ropas que

