La turbación se mantuvo acrecentada en todo mi ser, pero eso cambió un poco cuando escuché la voz de Jon dirigirse a mí. —¿Qué fue eso de pedir un duelo? Tragué saliva retomando la compostura. Anhelé con fuerza que él no se opusiera a nada que pidiera distanciarnos. Casi quise hacer valer un hechizo en el que él admitiera como yo la pasión y el amor que me consumía de modo que no viera con esa pureza todo cuanto le rodea. —Jon, sé que usted cree en que las personas pueden ser en el fondo diferentes a lo que eligen. Eso tiene sentido en un ser como usted, tal vez puede ver más profundamente… Pero me temo que no yo puedo. Las personas son muy crueles, Jon. Me atrevo a decir que la razón verdadera por la que el mal se sustenta y sobrevive es gracias a la necedad y los deseos del hombre. E

