Comandar

1912 Palabras

Seguí andando tras el Rey Jirel. Me condujo a la alta terraza que ya conocía; donde habíamos estado Nigromante y yo antes de huir. Uno de varios miradores del gigantesco palacio de varias cúpulas que tenía una hermosa vista hacia al amplio desierto, permitiendo notar el cielo cubierto por nubes gruesas y densas. La galería porticada tenía bellos decorados con motivos complejos en su mampostería de un blanco prístino. El viento revolvía mis cabellos y eso me daba una sensación de ligereza y libertad. —Es una maldita ironía. El mal que deseaba repeler estaba destinado a germinar en el interior de estas tierras y en uno de los nuestros. Me volví a él, se evidenciaba gran pesar en su declaración directa y sincera. —No creo que deba adjudicarse culpa. Cada quien tiene el poder de elegir.

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