Recibo mi respuesta cuando él sale furioso… sosteniendo una toallita mojada. Oh. Mi. Dios. La humillación es una roca que rueda cuesta abajo y gana velocidad. Estoy tan avergonzado como la primera vez que vio las palabras. Señala el final de la cama. —Sentarse.— Mientras lo hago, me quita la camiseta. Luego se arrodilla. El primer golpe de la toallita tibia contra mi muslo hace que mi pecho se hunda. Exhalando, miro hacia abajo. Su mirada está oscura con intención y su mandíbula está apretada mientras intenta quitar la tinta de mi piel sin lastimarme. Mi garganta eriza con lágrimas porque no son los momentos en los que él es un imbécil los que más me duelen... son momentos como estos. No entiendo cómo el tipo que está tratando de borrar las crueles palabras que escribí en mi cue

