Dylan retrocede como si le hubieran dado un puñetazo y el temor en mi pecho se convierte en horror en toda regla. —Ya será bastante malo cuando me encuentre, porque siempre me encuentra. Pero si llamas a la policía, se lo dirán a mi padre, que es un puto sheriff, y se volverá loco por completo. Se abraza y estudia sus zapatos. —Odia cuando me escapo, pero odia aún más cuando lo avergüenzo. No sólo lo hará brutal, sino que... Ella traga saliva. —Infierno-— —Mamá lastimada—, interviene Dylan. —Porque ese es el peor castigo—. Intento respirar más allá del peso que aplasta mis pulmones, pero es imposible. No entiendo cómo alguien puede abusar de su hijo. No entiendo cómo alguien puede quedarse con alguien que abusa de su hijo. O cómo alguien podría abandonar a su hijo y dejarlo solo con

