Capitulo 5

2460 Palabras
Lucy Estoy estacionando mi bicicleta en el garaje cuando lo escucho. Miau . —No tengo comida para ti, Mittens—. No es que ella lo necesite. El gato de mi vecino es muy agradablemente gordito. La señora Palma y su esposo la alimentan en abundancia... junto con el resto del vecindario, ya que el felino persa recorre la cuadra y ejerce su encanto sobre todos nosotros. Sin aceptar un no por respuesta, golpea el aire con su pata y me da un pequeño ronroneo. Me doblo como una silla de jardín barata. Me acerco a la bolsa de comida para gatos que tengo a mano para ella, saco un par de piedras y las coloco en el suelo. En el momento en que los devora, la levanto. —Ahora que tienes lo que viniste a buscar, es hora de que te vayas a casa—. Ella maúlla mientras comienzo el camino hacia lo de la señora Palma, todavía pidiendo comida. Te escucho, hermana . La música puede ser mi primer amor, pero la comida es mi mejor amiga...siempre ahí para darme consuelo. La señora Palma deja de trabajar en el jardín cuando me ve... y a su gato. —Lo siento mucho.— De pie, se quita los guantes y me quita Mittens. —La puse a otra dieta, pero no está muy contenta y sigue intentando escapar—. Sonriendo, le rasco un poco la cabeza a Mitten. —No necesitas disculparte. Me encanta cuando Mittens viene a saludar—. Sus labios se tuercen mientras me estudia. —¿Quién es el chico?— No estoy seguro de cómo esta mujer sabe estas cosas, pero juro que debe ser en parte psíquica. Y desde que tenía once años y vine corriendo hasta aquí llorando porque me había llegado mi primera regla y no sabía qué hacer... ella también ha sido una especie de figura materna para mí. —Nadie.— Agito una mano. —No es nada. No es un gran trato.— Excepto que lo es. Porque Dylan Cotter vendrá a recogerme mañana por la noche. A pesar de no parecer convencida, lo deja pasar. —Si tú lo dices.— Se rasca a Mittens detrás de las orejas. —Tengo que entrar y empezar a cenar, pero estaré más tarde si quieres tener una charla de chicas—. Por lo general, aceptaría eso, pero ella me dirá por millonésima vez que soy hermosa y que mi talla no me define. Ella me dirá que tipos como Dylan Cotter estarían locos si no salieran conmigo. Aunque siempre aprecio sus amables palabras... sé que no son ciertas. A los tipos como Dylan nunca les gustarán chicas como yo. Es sólo una realidad de la vida. Uno que he aprendido a aceptar . Saludándola un poco con la mano, camino de regreso a mi casa. Mi papá todavía no está en casa, así que asalto los armarios y tomo una bolsa de papas fritas y una barra de chocolate. Después de detenerme para sacar un refresco del refrigerador, me dirijo a mi habitación. Pósteres musicales de mis bandas favoritas se alinean en las paredes, junto con discos físicos de mis canciones favoritas que mantengo enmarcados. Dejo la bolsa de papas fritas, dulces y refrescos en mi cama, cierro los ojos… Luego me quito la ropa. Acercándome al gran espejo de tamaño completo en el extremo opuesto de mi dormitorio, inspecciono cada centímetro de mí misma. — Tómate una foto, culo gordo. Durará más —. — O tu ropa se encogió o estás engordando—. — La perra está tan gorda cuando se sube a la báscula que dice, continuará —. Los insultos de hoy reverberan en mi mente en un bucle, obligándome a enfrentar la fría y dura verdad. Y luego saco el marcador. —¿Adónde vas?— pregunta mi papá cuando paso por la sala de camino a la puerta principal. Dylan no me dijo una palabra hoy en la escuela, pero asumo que todavía estamos juntos ya que no me dijo lo contrario. Miro el reloj en la pared sobre la cabeza de mi padre. Son las 8:58. Lo que significa que estará aquí en dos minutos. Creo que . Aunque no tengo idea de cómo sabe dónde vivo. —Estoy dando clases particulares a un amigo—. Amigo suena mucho mejor que el chico atractivo de la escuela con el que estoy obsesionada. Mi papá se gira en el sofá y ahora mira el mismo reloj que yo. —Pero son las nueve. En una noche de escuela. —Técnicamente, son las ocho y cincuenta y nueve. Y la última vez que lo comprobé, cumplí dieciocho el mes pasado —le recuerdo, para su disgusto. —La última vez que lo comprobé, todavía vives bajo mi techo—, me recuerda . Como no quiero perder esta batalla, hago una reversa Uno. —¿Estás diciendo que quieres que me mude porque…— —No, Lucy. No seas ridículo—. Se mete las gafas en la nariz. —¿A qué hora estarás en casa?— No tengo ni idea. —Dos…— Empiezo a decir, pero luego él frunce el ceño. —Intentar otra vez.— —¿Una y media?— Otro ceño fruncido. —Medianoche—, dice. —Ni un minuto después—. Eso no es justo. —Papá, son sólo tres horas—. No tengo idea de cuánto tiempo me necesitará Dylan. Además, no quiero parecer un perdedor con un toque de queda. Al menos puedo fingir cansancio a la una de la mañana ya que mañana tenemos escuela. —Vamos. Déjame quedarme fuera hasta la una... —¿Qué podrías necesitar hacer en cuatro horas que no puedas hacer en tres?— El horror cruza su rostro. —Este no es un chico al que estás dando clases particulares, ¿verdad?— Escupe la palabra chico como si supiera algo rancio. —Uh…— Empiezo a responder, pero el sonido de alguien tocando la bocina me interrumpe. Mi papá prácticamente salta del sofá y camina hacia la ventana. Corre la cortina y, efectivamente, el Toyota de Dylan está estacionado al final de nuestro camino de entrada. Afortunadamente, está demasiado oscuro y está demasiado lejos para distinguir su rostro. No es que importe. —Sólo un desagradable punk adolescente toca la bocina de esa manera—. Mi papá me mira. —Un adolescente punk desagradable — . Buen señor. —No es así—, farfullo, mi cerebro dando vueltas. —Él es... Dylan es gay—. Mi papá parpadea. —Oh.— Aprovecho la oportunidad para correr hacia la puerta principal. —Te amo. A-Dios. Nos vemos a la una. —Las doce y media—, grita mientras cierro la puerta principal detrás de mí. —Ni un momento después—. Uf . No es mucho, pero al menos es mejor que lo que consiguió Cenicienta. No puedo esperar hasta dejar de acobardarme por tomar el examen de conducir. Aunque estoy seguro de que la nueva libertad sólo enloquecerá aún más a mi padre. Abro la puerta del lado del pasajero del auto de Dylan y entro. —Down with the Sickness— de Disturbed suena en mis oídos y no puedo evitar sonreír antes de pronunciar las palabras. La gente de mi edad tiende a escuchar lo último del pop o hip-hop en la radio. No rock ni música rock alternativa... que es mi favorita personal. Ojalá apareciera una banda de rock increíble y salvara a mis compañeros de toda la mierda con la que se están llenando los oídos. Cada generación anterior a mí tuvo la suerte de tener más de uno. Dios sabe que es tiempo para nosotros. El hecho de que Dylan sepa lo que es la buena música sólo lo hace mucho más irresistible. Puedo sentirlo estudiándome mientras sale marcha atrás del camino de entrada. —¿ Te gusta esta canción?— pregunta, o al menos eso creo porque el volumen está muy alto. —La música rock es mi favorita—, grito por encima de la música. —Y Disturbed es increíble . Aunque, técnicamente hablando, se inclinan más hacia el espectro del heavy metal del rock—. De todos modos, son un clásico atemporal. Prácticamente un requisito previo para quienes dicen ser verdaderos fanáticos de la música rock. Observo cómo se flexionan los tendones de su mano y muñeca mientras agarra el volante y sale a toda velocidad de mi vecindario, infringiendo un puñado de leyes de tránsito. Cuando termina la canción, Dylan presiona el botón de pausa en el estéreo. —¿A qué hora es tu toque de queda?— —¿Qué te hace pensar que tengo toque de queda?— ¿Y cómo diablos lo sabe ? Sus labios se curvan en una sonrisa. —Pareces del tipo—. Quiero preguntar qué se supone que significa eso , pero luego me lanza su teléfono, que está transmitiendo música a través del estéreo. —Vamos, grupita. Tócame algo bueno—. El nombre insultante me hace entrecerrar los ojos. —Que te jodan. No soy una groupie—. Soy un fan. Gran y maldita diferencia. Molesta, reviso la lista de reproducción de su teléfono. Tenemos gustos similares. Incluso escucha algunas de las mismas bandas que no son muy conocidas. Recibe apoyos por eso. Sin embargo, todavía estoy irritado por su comentario de groupie, así que elijo una canción que refleje eso. Le dedico una sonrisa de satisfacción mientras —Odio todo sobre ti—, de Three Days Grace, suena por los altavoces. Sus labios se contraen antes de curvarse en una sonrisa sexy que hace que mi corazón se detenga. Agradezco que pasemos el resto del viaje escuchando música. Me confundo cuando se detiene en la calle frente a una pequeña casa. —¿Dónde estamos?— Pensé que me llevaría a su casa para que pudiéramos estudiar. —Relájate—, dice mientras sale del auto. —No es una casa de crack—. No sé cómo tomar ese comentario. ¿Me está asegurando... o se está burlando de mí? En serio espero que no sea lo último porque no soy así en absoluto. Salgo tras él. —Disculpe por querer saber adónde me está llevando un chico con el que apenas he hablado...— Dejo de hablar cuando él avanza hacia mí… lentamente retrocediendo hasta que mi columna se encuentra con la ventana de su auto. —¿Qué pasa?— Un brillo amenazador oscurece sus ojos mientras recorre mi cuerpo de arriba abajo de una manera que me hace sentir desnuda y expuesta. —¿Tienes miedo de salirme con la mía contigo? ¿Hacer todas las pequeñas cosas sucias en las que piensas cuando estás solo en tu cama por la noche... tocarte? Dios, lo deseo. Un zumbido me recorre cuando se inclina y sus labios rozan mi oreja. —¿O es eso lo que esperas que suceda esta noche?— Mi boca se seca. Intento formar palabras, pero no sale ninguna. —Puedes fingir inocencia todo lo que quieras, pero sé que te gusta acosarme, Groupie—. Se aleja. —Pero voy a necesitar que mantengas bajo control a la persona que te gusta para que pueda graduarme. ¿Crees que podrás lograrlo? ¿O tengo que pedirle a la señora Herman que busque a alguien más? Se siente como si acabara de verter una tina de agua helada sobre mi cabeza. —Yo no...— Lucho contra la ola de vergüenza que me recorre. —¿Sabes que? Púdrete. No pedí ser tu tutor. Por lo tanto, no necesito dedicar mi tiempo libre a hacerlo—. Estoy a punto de alejarme y abrir la aplicación Uber para poder llegar a casa, pero su mano rodea mi muñeca. —Mírame, Lucy—. El tono autoritario combinado con su toque me hace doblarme. En el momento en que nuestras miradas se cruzan, dice: —Sólo quiero asegurarme de que cada uno sepa cuál es la posición del otro, para que la mierda no se complique—. —¿Por qué la mierda se complicaría?— La única manera de hacerlo es si Dylan le devolviera a mi pequeño amor platónico como él lo llamaba. Y ambos sabemos que eso nunca sucederá. Lo he aceptado. Pero por alguna extraña razón, parece que no recibió el memorándum. —No lo hará—. Cambia su peso sobre una pierna y, una vez más, soy consciente de lo alto que es. Fácilmente más de seis pies. —De todos modos, no por mi parte—. —Tampoco por mi parte—. —Bien.— Suelta mi muñeca. —Me alegra que hayamos aclarado eso.— Me hace un gesto para que lo siga. Supongo que vamos a entrar a la casa, pero abre la puerta del garaje. Tomo el micrófono y el soporte, el teclado, el amplificador y la batería cuando entro. —¿Estás en una banda?— Quiero decir, si no lo es, definitivamente debería serlo. A pesar de ser un imbécil, tiene la voz de un dios. Camina hacia el futón al otro lado del garaje. —Sí. Solo somos Kenia y yo la baterista, pero lo hacemos funcionar. Por cierto, ésta es su casa. Eso es... sorprendente. —Oh. Está seguro— —Está bien. Dijo que podíamos relajarnos aquí—. No sé mucho sobre kenia. Aparte de que tiene un aspecto bastante aterrador y es amiga de Dylan... pero fue genial de su parte ofrecer su lugar. Es aún más genial que estén juntos en una banda. Estoy a punto de sugerir que hagan audiciones para encontrar un guitarrista, pero entonces Dylan se sienta en el futón. —Acabemos con esta mierda de una vez—. Abriendo mi bolso, saco el mismo ensayo de ayer para que pueda leerlo y luego responder una lista de preguntas al respecto. Nuestra profesora de inglés no es una perra desalmada que busca reprobarle. Ella sólo quiere asegurarse de que él pueda hacer lo mínimo necesario para poder graduarse. Una vez que responda este conjunto de preguntas y un conjunto diferente de otro ensayo, además de escribir un ensayo breve propio, su proyecto extracurricular estará terminado. Luego podremos concentrarnos en estudiar para el final. —Te daré unos minutos para leer esto—. Me lo arrebata de la mano. Sus cejas se fruncen y observo la forma en que sus labios se mueven mientras lee. —¿Puedes dejar de mirarme?— espeta un minuto después.
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