Fernando
Las últimas horas han sido de completa felicidad, tanto así que no deseábamos que este día se acabara ni mucho menos tener que despedir a los papás de mi esposa, pero el reloj indica que es momento de despedirse, el avión que los llevara a Marsella salen en tres horas y yo me he tomado la libertad de decirle a Dorian que tenga listo el carro para salir en un momento. Mi esposa debe de estar, terminando de arreglar a los niños para que vengan a despedirse de sus abuelos y su tía Esperanza vivirá con nosotros, por lo menos hasta que termine los últimos meses, que le hacen falta en su carrera.
Voy hacia la vitrina, saco una baso, me sirvo un poco de whisky he ingiero cierta cantidad, para disminuir el frío, que está haciendo en estos momentos, estoy tan concentrado en mi bebida cuando siento los pasos de una bella dama y ese olor a rosas que se empieza a esparcir en esta sala, resulta inolvidable para mí y más cuando sus delicados brazos rodean mi cintura haciéndome sonreír.
Como puedo me volteo para mirarla fijo —¡Gracias por ser como eres mi vida! —Me dice y acomoda su cabeza en mi pecho para que la arrope con mis brazos.
—Si soy lo que soy, es gracias a ti y a mis hijos —Contesto y se separa un poco de mi para mirarme con esos ojos oscuros que cada día me tienen más atontado.
—Mm gracias por decírmelo… —Susurra y ahora observa para la puerta — Sabes… te vías tan guapo en la piscina que tenía ganas de comerte a besos, lo único malo, es esta barba que no me gusta ¡pica mucho! —Confiesa haciéndome reír.
La atraigo más a mí —¡Puedes quitármela cuando quieras!... Soy todo tuyo Damelis Castilie —Le digo he intento darle un beso pero en ese instante mi comadre nos interrumpe tocando la puerta.
—¡Fernando, Damelis! Los niños están abajo —Dice y nos miramos frustrados.
—Esta noche te daré un adelanto —Me asegura tocado mi labio inferior, con la yema de su dedo pulgar.
—¡Por favor! Me estoy muriendo… —Confieso y ahora es ella la que sonríe con picardía.
—¡Ayyy! Pobrecito —Bromea y toma mi mano para que salgamos juntos de la ante sala y así llegar hasta donde están mis suegros con sus maletas listas, para el regreso a la ciudad de Marsella.
—¡Abuelita!… ven a visitarnos pronto —Le pide Noe… con una carita imposible de resistirse.
—Intentare venir más seguido mi muñeca preciosa, tu eres la hermanita mayor y debes cuidar bien a tus hermanitos, ¿Sí? —Le dice dándole un beso en su mejilla, luego se despide de Natalia y Diego con muchos besos. Víctor hace lo mismo y acto seguido agarra las maletas para llevarlas hasta la puerta.
—¡Nosotros también nos despedimos! —Escucho que dice Adrián y asentimos.
—¡Teresa! te encargo a los niños… recuerda no darles nada de chocolates, ni Tablet en la cama… todos a dormir —Advierte mirándolos a ellos.
—¡Si señora! —Responde amable.
Rápidamente ella sube las escaleras con nuestros hijos mientras nosotros nos acercamos a la puerta de la mansión. Pero en el instante que Damelis va abrirla la puerta, notamos un pequeño sobre tirado en el piso.
—¿Esto qué es? —Me pregunta y encojo los hombros. «No tengo ni la más remota idea, de lo que sea eso».
Ambos nos miramos y es ella quien decide agacharse, pero yo la detengo y tomo ese sobre del piso. «¡Dios mío que no pase lo mismo, que sucedió hace seis años!» me repito en mi interior. He intento tranquilizarme mientras el mundo intenta caerme encima, tengo una familia en mi vida y no puedo permitir que alguien esté pensando en hacerles daño.
—¡Mi vida! ¿Por qué no abres el sobre? —Pregunta Damelis angustiada.
—¿Sucede algo Fernando? —Indaga Víctor y no tengo el valor suficiente para abrir ese sobre cómo lo hice la otra vez. De solo pensar, que pueden atentar, en contra de lo que más amo me desestabilizo por completo y el hombre fuerte que soy, empieza a desmoronase.
Respiro profundo sacudo mis pensamientos y desdoblo el sobre, el cual contiene un pequeño escrito:
//Pronto sabrás de mí y tendrás que entregarme lo que me pertenece,
Si te rehúsas, prepárate para afrontar las consecuencias//
Dice el escrito y mis peores temores se hacen presente —¡Esto no puede estar pasando! —Grito angustiado y le doy el escrito Adrián para que lo lea en voz alta. Todos se quedan sorprendidos al escuchar lo que dice y mis ojos se tornan vidriosos.
—Fernando tomemos las cosas con calma, lo primero que tienes que hacer es avisarle a las autoridades para que ellos se hagan cargo de tu caso, tal vez, es una persona que conoce tu historia he intenta extorsionarte de algún modo, no caigas en su trampa —Me aconseja Víctor, pero estoy en un estado que no sé qué hacer, ni que decir, mi familia está de por medio y no quisiera que les sucediera nada.
—Amigo sé que te rehúsas a contratar guardaespaldas… pero ahora veo la necesidad… y no solo por ti, sino por tus hijos —Comenta dándome una palma en el hombro.
—¡Acabo de preguntarle a Dorian si no vio algún sospechoso entrar a la mansión y me dijo que no! —Nos comunica Luisa entrando por esa maldita puerta.
—Esto es más grave de lo que pensé ¡¿Cómo es posible que alguien entre a la mansión Domenech deje un sobre y salga sin ser visto?! ¿Acaso tengo a mi propio enemigo entre nosotros? —Cuestiono desesperado.
—¡Mi vida… por favor! ¿Cómo vas a dudar de nuestra familia? —Habla Damelis he intento mantener la compostura, no me gusta verla llorar y en estos momentos sus ojos son un mar de lágrimas.
—¡Tranquilízate hija!… los niños están allá riba y lo que menos se quiere, es que escuchen lo que está sucediendo —Le aconseja mi suegra.
Me acerco a mi esposa —Perdóname bonita… tu madre tiene razón… vamos a buscarle una solución a esto, pero tenemos que ser fuertes, y sobre todo mantener la calma por nuestros hijos, ¿De acuerdo? —Le digo dándole un abrazo.
No sé en que parara esto, pero de algo estoy seguro y es que no permitiré que nadie se acerque a mi familia, si es necesario contratare a los mejores guardaespaldas de todo parís para que nos protejan y la persona que intente tocarles un solo cabello, pagara con su vida.