Toda nuestra comida transcurre con tanta sencillez y jovialidad que es similar a sentirse en tu propio planeta, con un sistema solar de tu pertenencia. Porque, se puede experimentar un calor que no es de este mundo. Una calidez que te avisa, que aunque no todo es perfecto, y tu vida está plagada de inconvenientes banales, tienes la oportunidad de ser plácidamente feliz, incluso si se trata de estos efímeros instantes. —¿Estás lista para ir a mi casa?—, mi madre nos está esperando. —, pararemos en una panadería en el trayecto para comprar un par de pasteles, a nuestra anfitriona no se le da la cocina y me ha exigido llevar la merienda. —Me aborda Jerry de forma espontánea. Debo olvidarme de las malas palabras si quiero darle una buena impresión a la que posiblemente se convierta en mi

