Los domingos nunca se habían considerado como un día predilecto para mí. Al contrario de ello, significaba el día en que me aburría mortalmente en casa, admirando el reloj y esperando que ocurriera un milagro y llegue el lunes, para irme a trabajar. Hoy me siento liberada, satisfecha, como la cosa más linda del mundo. Empoderada, vibrante. Todo lo que está aconteciendo con Jerry me ha motivado hasta a hacer ejercicios. Después de desayunar un poco de avena y fresas, tomo la valiente decisión de subirme a la caminadora, esto sí que es un reflejo de amor. Hasta que mi teléfono vibra, y veo el nombre de David grabado en la pantalla principal. En mis días de emociones me he olvidado que tengo un mejor amigo que se interesa por mí y no le he devuelto las llamadas. Mm, lo siento máqu

