Al regresar a su propio campamento con el resto de la tropa Liu Daiyu y Wildau se dirigieron directamente a la tienda de la mujer. Ambos estaban infatuados con los sentimientos recíprocos que se habían manifestado en la caverna, en un momento en que la frustración había bajado la coraza que normalmente revestía a ambos guerreros. Dichos sentimiento eran una experiencia desconocida para los dos y en realidad debían aprender cómo manejarla. Hans Wildau era consciente que debían preparar el próximo paso para cuando recibiera instrucciones de su jefe, pero por primera vez en su vida decidió postergar sus obligaciones para atender a sus sentimientos. En todo el día los amantes no salieron de su tienda, generando sonrisas y breves comentarios de los soldados chinos. La noche había caído y ya er

