Capítulo 10 La partida del sitio donde los había sorprendido la tormenta fue triste y el abatimiento se evidenciaba en todos los rostros, particularmente en los de los custodios mongoles, a quienes el desierto les había arrebatado un compañero y quizás un familiar. Jack se acercó antes de abandonar el lugar a confraternizar con ellos, aún cuando no había ningún idioma común en que pudieran entenderse. Desde una cierta distancia Bodniev lo observaba con gesto aprobatorio, mientras los demás miraban en un silencio respetuoso. En la expedición se había producido un quiebre moral al constatar sus miembros, sobre todo los más novatos en aventuras reales, la fragilidad de la existencia en medio del inmenso desierto con sus duras reglas, algunas no conocidas e imprevisibles, ya que desde el avi

