Miré a Louise metiéndose la mitad superior en la boca, con náuseas, pero aun así empujando. La determinación de aprovechar al máximo esa polla era evidente en mi esposa, y eso la hacía esforzarse aún más. Louise se mantuvo firme con una habilidad impresionante, asegurándose de que cada segundo de su trabajo contara. Era tan increíble y excitante de contemplar. Mi querida esposa se ahogaba, tenía arcadas y gemía alrededor de la enorme v***a. Todas sus inhibiciones habían desaparecido hacía tiempo, reemplazadas por un deseo lujurioso de cumplir con su tarea. La polla de Tony necesitaba atención, y ella estaba decidida a ofrecerle una mamada, una caricia y una arcada a la vez. Pensé en todas las veces que me había provocado en las últimas semanas. Todas las veces que había dicho que se habí

