Arion dudó, se encontraba en una disyuntiva, por una parte, veía que no era conveniente, sabía cuáles eran los sentimientos de Delia por él, y si la aceptaba eso le podría traer problemas con Maya, por nada del mundo quería que alguien se interpusiera entre ellos, demasiado le había costado la felicidad para ponerla en riesgo. —Lo siento Delia… no puedo llevarte conmigo a Londres… los dos sabemos cuáles son tus sentimientos hacia mi… no puedo arriesgar la tranquilidad de mi esposa y nuestra felicidad —pronunció con sinceridad. Delia fijo su atención en su rostro por unos segundos. Ella sonrió sintiéndose ofendida al mismo tiempo que negaba con la cabeza. —¿Desconfías de mí? ¿Me crees capaz de insinuarme a ti y de hacerle la vida imposible a tu esposa y a ti? Arion, si así piensas no me

