CAPITULO 5. un beso

1291 Palabras

Los meses en San Pedro de los Pinos habían transcurrido como una corriente de agua subterránea: silenciosa, pero capaz de erosionar hasta la piedra más dura. Desde aquel primer encuentro en el aserradero, mi relación con Gaddiel se había convertido en un juego de ajedrez psicológico. Él me vigilaba, esperando el error que nunca llegaba; yo trabajaba el doble, ganándome el respeto de los hombres del pueblo y la confianza ciega de Hanna. Pero el verdadero trabajo, la labor de artesanía fina, la estaba haciendo con Luciana. Durante meses, nuestra convivencia fue una tortura de roces accidentales y miradas cargadas de lo que no se decía. Ella me buscaba en la pastelería, me llevaba limonada al aserradero y me escribía notas pequeñas que escondía en los sacos de harina. Yo la frenaba. Siempre

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