El aire en la casa se sentía pesado, cargado con el olor a cajas de cartón y cinta adhesiva. Hanna guardaba mecánicamente la ropa de Yessi, tratando de convencerse de que huir a Londres era la solución. Sin embargo, una inquietud extraña, un sexto sentido que no la dejaba en paz, le recorría el cuerpo. Miguel había salido a "terminar unos trámites" del traslado, dejando su computadora personal abierta en la habitación, algo que rara vez hacía. En ese momento, una notificación tras otra comenzó a iluminar la pantalla. Hanna se acercó, pensando que sería algo del viaje, pero el corazón se le detuvo al ver el nombre del remitente: Sofía. Sofía no solo era su secretaria. Era la mujer que le había dado la mano cuando llegaron a la ciudad, la que cuidaba a Yessi cuando Hanna tenía alguna urgen

