La imagen en el espejo le habló de una mujer en la que Isabel sabía que no estaba preparada. Las joyas que colgaban de su cuerpo realzan su belleza natural, y le daban el porte que su madre tanto había presumido en los bailes de caridad a los cuales le fascinaba asistir, aunque nunca donará nada. Con dedos temblorosos tocó un collar con pequeñas incrustaciones de diamantes, simplemente era magnífico, todo lo que su familia alguna vez soñó para ella estaba pasando,y sin embargo, nadie parecía estar feliz.
—Isabel-.
Lady Tolliver se acercó y le tocó el hombro haciendo que Isabel se girara para verla. Por un momento creyó que su madre se negaría nuevamente a llevar a cabo su boda con William, pero por supuesto que eso no pasaría. ¿Cómo callaría las habladurías? ¿Qué diría a sus amistades si se atreviera a rechazar a un Conde? Siendo su familia de clase media.
-Los invitados van llegando uno a uno-exclamó su madre con voz ronca, la vio girarse y darle la espalda un momento-.Tu boda parece ser un evento importante-las palabras parecían estar cargadas de amargura.
Quizá si su prometido fuera otro... Su madre estaría más feliz de lo que parecía.
-¿Ha venido alguien que conozcamos?-preguntó la chica dándose un último vistazo en el espejo y examinando su maquillaje a detalle. Su madre se aclaró la garganta y su voz esta vez sonó con menos fuerza.
-Las hay,muchos conocidos han venido, ese hombre se ha encargado de invitar a toda la nobleza,no creo que falte alguien.
Isabel la miró desde el espejo,entendió lo que estaba matando a su madre,ella era tan orgullosa y el Conde la estaba poniendo en una situación difícil.
-Por supuesto-dijo Isabel sin fuerza.
Lady Tolliver dejó a su hija un momento y salió a recibir a los invitados. De pronto se escuchó un par de golpes en la puerta, demasiado fuertes para ser una doncella.
-¡Adelante!
Concedió ella. Por la puerta entró una chiquilla de escasos quince años, de piel morena y ojos negros... Hermosa.
La chiquilla se quedó parada un momento observándola.
Isabel se veía confundida con aquella mirada de reproche en alguien a quien no tenía ni el gusto o disgusto de conocer. La atmósfera se cargó tensa.
-¿Qué se te ofrece? Preguntó después de unos minutos. La joven torció un gesto voluntarioso y respondió sin más preámbulo.
-El amo quiere verla antes de que empiece la ceremonia.
¡No!
No podía hacer eso, no podía verle antes de la boda, Isabel sintió que sus fuerzas se estaban agotando, ya era suficiente vivir con su familia para ahora tener que convivir con un embustero. No tenía la mejor opinión de William, ya no. Si tan sólo no la hubiese engañado de esa forma ¿qué pretendía al hacerle eso? Burlarse seguramente de ella y de todas las damas de la sociedad. Era un resentido, era alguien que odiaba a su familia y podía notarlo en las palabras de su madre.
-No,no es lo más prudente. Se giró de nuevo y subió la zapatilla a la cama para poder darle un último ajuste. La chiquilla le lanzó una nueva mirada de advertencia que Isabel no alcanzó a ver.
-Will me dijo que esta es la última oportunidad que tienen de arreglar las cosas, dice que la esperará donde se conocieron hasta la hora de la ceremonia, si usted no llega... Él entenderá que todo esto haya acabado.
Las palabras salían con un toque de odio. Carmina no quería a Isabel, la pequeña tenía un enamoramiento con William, él era bueno con todos, pero en especial con ella. Siempre la había protegido de todo y de todos, pero la llegada de esa mujer le había arrebatado la última pizca de esperanza que la chica tenía de conquistar a William. ¿Por qué no? La misma madre de William se había casado con un noble y le había dado un heredero, eso era lo que William necesitaba, un hijo que lo hiciera feliz y continuará su línea de sangre.
La chiquilla salió con un portazo.
A Isabel los nervios le estaban comiendo el estómago, quizá y Will tendría un motivo para ocultar quién era. Bajó su zapatilla y alisó su vestido una vez más. Encontró su imagen en el espejo. Ese debía ser el día más feliz de su vida, o eso creyó. Sonrió con amargura, nada en su vida era como imaginaba, todo se reducía a seguir el protocolo. Pero de verdad, por un instante, por un sólo instante imaginó que tomaría el control de su vida. Que sería feliz al lado del hombre que había encendido su corazón apagado y le había dado nuevas esperanzas. Lejos de todos y de sus padres, pero era un engaño, todo había sido una farsa montada para obligarla a casarse con él y ser aceptado por los demás. A nadie le interesaba que fuera un conde, solamente interesaba su linaje, y ese al parecer era deficiente.
¿Debía ir al encuentro de William? Quizá...
No hubo oportunidad de pensar en algo más. Escuchó la perilla de la puerta al abrirse y por ella vio a su padre entrar. Traía un pañuelo entre los dedos restregando con enorme nerviosismo. Como si quisiera deshacerse de él. Su padre la vio y el peso de la mirada de Isabel fue muy fuerte,lo hizo desviar los ojos con vergüenza. Se aclaró la garganta y avanzó unos pasos,casi hasta llegar a ella.
-Hija. Su voz tenue siempre le había gustado a Isabel. Su padre era de carácter débil,era tácito y amable. Quizá por eso albergó la esperanza de que la sacaría de ese lugar. No fue lo que dijo,fue más bien el tono usado el que le dejó muy en claro que no lo haría.-Ya casi es hora.
Isabel tragó el nudo que tenía en la garganta,tan grande fue su decepción que salió de la habitación antes que su padre.
(...)
¿Por qué no llegaba? ¿Acaso no iría?. William estaba irritado con la situación,Isabel no le estaba dando la oportunidad de explicarle porqué no le había dicho la verdad en ese momento,pero ahora sabía que no acudiría al lugar donde se habían conocido. Volvió a la hacienda antes de que se hiciera más tarde,porque ese matrimonio se llevaría a cabo le pesara a quien le pesara.
William se topó con Isabel incluso antes de llegar a poner un pie en el salón,en cuanto la vio se quedó completamente inmóvil. Estaba incluso más hermosa que la noche anterior,ahora logró entender cómo podía estar todavía tan encaprichado de ella. La primera vez que la vio iba acompañada de su madre y una sirvienta. Ella se notaba tímida,su pensamiento se notaba lejano a las miradas de lívido que algunos hombres le lanzaban. Su cabello era largo y rojo muy brillante,su piel era muy blanca por supuesto,pero sus labios era algo que le fascinaban,parecían dos pétalos de un rojo escandaloso,demasiado hermosos para esa reprimida sociedad,listos para ser devorados y era él quién sería su único dueño.
—¡Isabel!...
La voz de William pareció suplicante.
Y él hubiese podido rogar por poder verse un segundo reflejado en aquellos ojos verdes.
Pero ella no le miró, desvío su rostro con un gesto caprichoso,casi igual que el que hizo la primera vez que cruzaron palabra. Pero ahora veía algo distinto en ellos, temía equivocarse,pero miró desprecio en ese simple gesto.
—Lo veré en unos minutos mi Lord.
Ella le dió la espalda y siguió avanzando hacia el salón en el que esperaría el momento para entrar en la capilla de la Quinta.
Se quedó unos minutos perplejo ante la postura de Isabel. ¿Qué había ocurrido con esa chica dulce que había conocido?
Ahora le recordaba a su futura suegra con ese andar altivo y ese gesto agrio.
—¡Hey,Will! Al fin te encuentro hermano.