El niño dormía en su cuna de hospital y Linda estaba comiendo un enorme sándwich que había conseguido Mike, pues ella le dijo que tenía mucha hambre. Y su esposo se encargó, cómo siempre lo hacía... Habían pasado un par de horas del alumbramiento. Y él sonreía como bobo mientras observaba a su mujer comiendo como si de eso dependiera su vida. La mayonesa le escurría por el costado del labio y él la limpió con uno de sus dedos y lo chupó. — ¿Qué pasa? — le preguntó ella pues él la miraba raro. — Te amo...— le respondió él y la joven sintió como calor en su corazón, sus ojos se humedecieron. Terminó el emparedado de un solo bocado enorme lo que hizo sonreír a Michael. Nana, que ya había visto al bebé, había decidido volver a la casa para darles espacio ahora que estaba todo bien.

