Me quite la ropa y elegí un pantalón y blusa de algodón para dormir, las otras pijamas eran demasiado provocativas y nada de mi agrado. Al no encontrar un cesto donde dejar la ropa sucia, la tire a un lado del closet. Tome una sabana y camine al sillón cerca de la chimenea. No sabía qué hora era, aún estaba oscuro, Mikel estaba tomando su tiempo para salir del baño. Estaba furiosa. No quería verlo. Pero también debía admitir que me sentía exhausta. No tenía ni tres horas que había despertado y aún así me sentía tan cansada. Me perdí en mis pensamientos, ‘porque? Si la vida de mi padre era tan insignificante porque tenía que morir? Jamás se lo perdonare’ Lágrimas siguieron cayendo y mantuve mi vista en las llamas. Me sentí mareada y acomodé mi cabeza en el cojín. Sentí mis párpados pesa

